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Posts Tagged ‘la virtud del trabajo’

El título elegido me parece más apropiado que este otro, “la virtud del negociante”. La palabra negociante suena peor que la palabra negocio, como pelín maldita, al menos a mis oídos.

Desde hace unos años, uno de mis entretenimientos solitarios más relajantes es fantasear un negocio. Con mi llegada a la mediana edad, de repente mi perspectiva vital ha ido cambiando muy rápidamente. Pienso a menudo: “¿qué deseas hacer y no has hecho antes de morirte?” Me imagino de librera en mi barrio, que salvo en Vips o en el kiosco de la esquina, no se vende un apetitoso libro en kilómetros a la redonda. Abriría una librería un poco diferente a las tradicionales, que por otra parte me chiflan. Además de venta de libros nuevos, pondría mi tallercito de encuadernación y un hueco para pintar guardas al jaspe. También vendería prensa en varios idiomas, por aquello de vivir cerca del aeropuerto, y tendría una sección de libros de segunda mano, montada a base de los que los vecinos me trajesen ya leídos y previo pago de un módico precio, para luego su reventa: ¡qué maravilla la venta del libro de segunda mano! En otra esquina colocaría 3 mesas redondas de mármol, como en los antiguos cafés años 20, compradas en el Rastro o en Betel. Allí permitiría a mis parroquianos leer todos los libros que les diese la gana, nuevos o usados, servirse un café o un té y entablar tertulias improvisadas sobre la última diatriba relacionada con el mundo literario, editorial o de nuestra prensa diaria.

No sé si me haría rica, pero llenaría plenamente mi tiempo, sin incordiar a los hijos y haciéndome amiga de medio barrio.cafe_libreria

También me he imaginado una empresita de servicio a domicilio en fin de semana que se llamase “Hazlo por mí”. Básicamente me anunciaría con una página web muy sencilla en la que comenzando por una zona delimitada a 10 ó 15 manzanas, los interesados solicitasen llevar a su casa, para las mañanas de los domingos,  la prensa, el pan y las porras, o mejor unos deliciosos churros. Muchas  personas aman salir a comprar el domingo por la mañana, pero a muchas otras les puede encantar que suene el timbre hogareño y aparezca un propio con el encarguito. Si además se añadiera un ramillo de flores silvestres, una rosa o unos tulipanes, creo que por el desplazamiento podrían pagarse tranquilamente unos 14 euros, por ejemplo. El negocio está ya un poco inventado con el Interflora, pero es de tipo dominguero y con sabor ¿Alguien se anima?

hazlo por miHoy en la contraportada de El País me ha gustado el lema / secreto de de Ana Gámiz Luque, premiada y premiadora de /con  algún premio gordo de lotería: “trabajar, trabajar y trabajar”, en su negocio de bar. No hay que pasarse, pero yo también puedo asegurarles que funciona en la vida. Y en los negocios, desde luego.

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