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Archive for the ‘vida cotidiana’ Category

Simone Back publica su suicidio en Facebook y no lo evitan ninguno de sus más de 1.000 contactos ¿Cómo es posible que un periodico incluya la noticia de un suicidio en el apartado de “noticias curiosas”? Pueden consultarlo en el diario La Razón, al que voy a dirigir una queja a través del defensor del lector, por  la profunda tristeza que causa el reducir un suicidio simplemente a eso, a noticia curiosa.  Abran por favor, señores de La Razón, la sección de “noticias dramáticas” para incluir con profundo respeto, la narración de hechos de tamaña tragedia como el final de Simone Back.

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Llego a España por unos días y escucho mi radio favorita, KissFm. En uno de los anuncios entre canción y canción una periodista muy seria avanza una noticia sobre administración pública que decía algo así: “en tal organismo… comenzarán a implantarse las conexiones telepáticas, mediante las cuales los ciudadanos conseguirán una mayor rapidez en sus gestiones múltiples de variada documentación aceptada con anterioridad solo en papel, en los respectivos registros de entrada…”.

A buen seguro que serán más rápidas que las conexiones telemáticas, ya tan manidas.

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Atentado, además, contra la seguridad de nuestros bolsillos. Abril 2010. Se compra en la red, página de Ryanair, dos billetes de ida y vuelta, origen Madrid, no importa qué ciudad de destino interior.

A las 14.05 horas se compran y pagan dos billetes de ida y vuelta.

A las 14.30 se vuelven a comprar, para el mismo recorrido, el mismo día, la misma hora y ¡el mismo vuelo!, por arte de birlibirloque, dos billetes exactamente iguales para ¡las mismas personas!

Se han rellenado en múltiples ocasiones infinidad de campos identificativos de los viajeros: nombres, apellidos, calle, ciudad, comunidad autónoma,  país, teléfono, email, repita email, números de pasaporte u otros. También datos de valor añadido, como prioridad o no,  seguro o no, maletas o no, otros bultos o no, etc…

Impaciencia por terminar la ardua sesión compradora: “por favor vuelva a intentarlo…”, se respira hondo y se insiste de nuevo. Se consiguen por fin los ansiados billetes  (ojo, no olvide facturar en línea). El número de tarjeta ha sido aceptado y todo de repente vuelve a la calma. La vida queda en orden.

Pues no. Al mes se consultan con asombro los movimientos bancarios y se descubren “dos cobros” de billetes por un solo viaje. Se indaga, se pregunta al banco primero educamente y más tarde un poco airado. Se inicia una investigación obtusa sobre la extrañísima duplicidad y se logra desentrañar, después de conectar con la compañía, en tu idioma o en uno ajeno, a euro más o menos el medio minuto. Se recitan los números de reserva, después del inusitado hallazgo entre los emails de la digna compañía Ryanair. Contestan rápidamente y sin darle ninguna importancia que en los próximos días reembolsarán el segundo billete cobrado. Casualmente, se embarcó con el billete pagado caro y solo  devuelven el billete pagado barato.

En resumen: ¿cómo es posible que se admita en un mismo avión pasajeros “duplicados”? Sencillamente, se trata de  la confirmación de un serio descontrol sobre los pasajeros a embarcar. ¿Quien pone orden en este asunto? ¿Existe un control de calidad interno? ¿Un control de calidad externo? Los sufridos internautas, consumidores y ciudadanos de a pie nos sentimos impotentes ante tamañas actuaciones, pero no podemos perder más tiempo para una queja formal. Uno se conforma con contarlo a los amigos y prevenir a incautos.

(Me relataron los dos pasajeros, compradores de estos billetes para aquel vuelo,  que algo raro habían notado: en sus butacas y detrás de ellos les pareció adivinar sentada a su pareja gemela).

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Por pura casualidad, a través de un email laboral, he encontrado un excelente grupo montañero, gran conocedor del Rif. Se anima a venir mi amiga española Mar.

Domingo 14 de marzo, siete menos cuarto de la mañana, en la calle. Día frío y sol fantástico. Diez personas nos citamos en la antigua estación de tren de Tetuán, donde salen autobuses para Chaouen. Nos montamos en dos diferentes. Parecían ser los adecuados, pero nos indicaban que no, que debíamos de cambiarnos. El tercero fue el correcto y por tres Dirhams nos encontramos en veinte minutos en la parada necesaria para subir al monte. Destino, Tarannakt Bnisalah.

En el  principio y el final de la jornada atravesamos pequeñas aldeas, donde las mujeres y los niños nos observaban entre guasones, embelesados y sonrientes. Fueron 18 kilómetros duros, especialmente la bajada. La subida pronunciada, pero no muy prolongada, con parada en oportuna fuente sombría. La cumbre, al pie de una impresionante cascada. Comemos con hoguera incluida, entre otras viandas,  pinchos morunos de pollo exquisitos.

La bajada fue extremadamente larga. Paisajes imposibles de olvidar con majestuosas cascadas a visitar por todo montañero que se precie.  Barrizales muy serios debidos a las recientes lluvias,  obligaban a equilibrios indescriptibles en el lento avance de nuestra vuelta.

Primera jornada memorable en las grandes montañas marroquíes. Al igual que las ciudades deberíamos hermanar los Pirineos y el Rif.

Expedicionarios:  Abderrahman, Ahmed I., Ahmed, Houciene, Imad, Rajaa, Jöelle, Mar, Paz, Sohaib / Lenguas: árabe, francés, español, inglés / Fotografías: Ahmed I., Jöelle, Paz. Las cascadas se incorporarán más adelante.

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Tarde oscurecida. Lluvia intermitente. Acudo con poco tiempo a escuchar a un conferenciante, de nuevo sobre el conflicto de civilizaciones. Hoy, once de marzo, un día triste para volver a recordar a nuestros 192 muertos de aquel mismo día fatídico del año 2004.

No es adecuado coger el coche por no conocer lugar de aparcamiento. Decido ponerme en la cola de los taxis verdes, Mercedes y viejos, por saber que son baratos y rápidos. Hago la obligada cola y, sin tiempo para dudar, me pregunta el organizador del reparto de taxis: ¿con gente? Sin pensar contesto que sí, que con gente. Me veo de repente montada en el vehículo años cincuenta con seis marroquíes.

Delante el conductor, con gorra ciclista o costumbrismo americano, lo que prefieran, acompañado de dos hombres, uno de ellos hombretón de unos 80 kilos con cazadora negra de cuero. Su compañero a la derecha, de complexión delgada, completa el trío delantero. Todavía ando preguntándome, cómo se las apañaba el conductor para proceder al cambio de marchas. Asiento trasero: ya había subido una mujer con velo. A su lado me acomodo como puedo y voy ajustando centímetros en el asiento con arte torero. De inmediato suben dos hombres más, uno con chilaba y otro sin ella. Nadie me comprende y a la vez todos. Les digo: “yo voy al Colegio de El Pilar”. El recorrido nocturno discurre un tanto misterioso, siete personas en un viejo Mercedes sin decir palabra. Pasan las calles y repito mi destino. Se para el Mercedes y pago mi precio, tres Dirhams. Shokran. ومن الجدير . Es decir, gracias, vale. حسن مساء . Buenas noches. Continúan a sus destinos, cansados e indiferentes, los cinco pasajeros restantes. Solo por esta sabrosa experiencia, merece la pena que visiten esta ciudad marroquí al Norte de Marruecos.

Les aconsejo la lectura de “El viejo Mercedes” de Antonio Reyes. Carlos C. Lainez la incorpora en su blog. El taxi del relato era azul.

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Llega este verano el nieto irlandés de mi hermana a pasar unos días a Barcelona. Habla como puede con cinco años español e inglés.

Para que el crío se lo pase bien y se haga amigos, lo apuntan a un splai (centro de ocio). Una de las características del centro era su bilingüismo. Termina la mañana, lo van a buscar y la abuela pregunta al niño:

-¿Te lo has pasado bien, cariño? -Si abuela, pero ha sucedido una cosa: ¡se han pasado toda la mañana hablando en francés!

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Anteayer por la tarde estuve en Hipercor – Corte Inglés, comprando los últimos elementos, regalos y manjares, de Nochebuena. El asombro fue grande cuando la plaza de aparcamiento que tuve que ocupar fue en la planta sótano menos cuatro y tardando unos minutos en encontrarla.  Eso significaba que el gran almacén se encontraba lleno a rebosar, como en las mejores fechas del centro comercial.

La crisis les ha acabado golpeando como a todos. Para que voy a mentir: sentí una grata satisfacción de que al comercio le fuese bien. Era señal de que la gente no se resistía a estirarse los bolsillos en nuestra adorable fiesta. Fue curioso cuando encuentro a una pareja de vecinos, en pleno fragor de carros chocándose por los pasillos del súper y comentamos lo mismo: ambos coincidíamos con agrado en el espectáculo consumista, no visto hacía ya muchos meses.

En España comprar en el Corte Inglés, denota un toque mínimo de distinción.  Creo por ejemplo que en Inglaterra sería Harrods entre otros y Mark Spencer, según bolsillos o intenciones. O en Francia las Galerías Lafayette, o más especializado la Fnac. El Corte Inglés es el centro comercial por excelencia de marca española. El público sabe que decir “lo compré en el Corte Ingles” (es indiferente el objeto adquirido), da una sensación de seguridad, de bien comprar, de bien hacer. Pagas más pero aciertas, piensa el sesudo consumidor. Y es que resulta verídico  en la mayoría de las ocasiones. Su acertadísimo eslogan “pague y si no está satisfecho le devolvemos su dinero”, da gran tranquilidad al comprador. El consumidor indeciso compra sin miedo, porque siempre piensa “podré devolverlo” y el consumidor lanzado con mucha mayor razón, no se lo piensa dos veces.

Siempre es para mi un misterio cómo prepara el Corte Inglés a sus empleados, en el perfecto  trato hacia el comprador. El vendedor es amable siempre sin excepción. No se excede de cortés, pero agrada al comprador con correctísimos buenos modales. No se inmuta ni ante el más impertinente de los clientes. ¿Cómo consiguen los directivos del marketing la creación de un estilo propio de vendedor? Da igual entrar en el Corte Inglés de Zaragoza, en el de Bilbao o en el de Santiago de Compostela. En todos los centros comerciales le atienden tan igual de bien, que prácticamente siempre  cuando se sale con una compra realizada,  se piensa en volver. Uno define este gran comercio, no por el número de artículos que vende o los servicios que ofrece, sino por los que todavía no se ha lanzado a vender. Nunca pensé que me proporcionaría el alquiler de un coche, por ejemplo. Pues sí, boba de mi, con una simple llamada a su sección de Agencia de Viajes tuve en cinco minutos, el coche de mejor relación precio/calidad para mi recorrido planeado. En esto me funcionó mucho mejor que Google, que ya es concederle tantos, en la carrera de “a ver quién busca mejor y más rápido”.

Un defecto en mi opinión lastra el gran estilo “Corte Inglés”:  son poco feministas o nada, en el mejor sentido del término: años pagando la factura en la cuenta de una esposa, pero al buzón la envían a nombre de su respectivo esposo. Y un segundo reparo debiera corregirse: las empleadas trabajan, según mi humilde observación, mucho más que los empleados. Encuentro en ocasiones, a señores empleados de brazos quietos, como de vigilancia, y prácticamente nunca a las señoras empleadas. Ellas siempre activas y disponibles, trajinando, reponiendo, arreglando una maniquí, o cobrando a ese cliente fiel y satisfecho. Un decidido bravo a las mujeres trabajadoras de este súper híper mega centro comercial.

Les dejo. Otro día abordo las compras por Internet en las que, por cierto, El Corte Inglés, también funciona a la perfección.

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