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Archive for the ‘Política’ Category

Trabajador público con 32 años de servicio. Los 26 días hábiles, a tomar de 5 en 5, como mínimo, se le reducen a 22. Los 11 moscosos, posiblidad de tomarlos sueltos, se le reducen a 3. O sea, pierde 12 días de permiso de uno u otro tipo. Y yo me hago cábalas sobre el interés desmedido por parte del actual gobierno en molestar a este sector de la sociedad. Sí, sí: es su imperiosa necesidad ejemplificante. Porque si es que sobramos tantísimos empleados públicos ¿cómo es que eliminan días de permiso? Las intenciones pueden ser muy tristes: una, intentar que los empleados maduros se larguen a su casa con prejubilaciones inexistentes, tan sabrosas en el sector bancario o tecnológico en los últimos veinte años, por inventarme el periodo. Otra, comenzar a estructurar una más o menos cercana puesta en la calle, directamente, de cientos de trabajadores públicos.

Está muy bien la ejemplaridad, pero buen ejemplo podrían dar otros sectores de la sociedad.  Por citar alguno, todos los consejos de administración de empresas públicas mil y las directivas bancarias, publicando sus emolumentos escandalosos, en las múltiples formas, además de sus salarios en dinerario.

¡Qué decir de nuestra bien amada paga navideña! Muy bien la solidaridad cuando la sociedad no puede más. Pero un poco de seriedad. El sector bancario podría muy bien, del primero hasta el último empleado, apretarse el cinturón y dar también ejemplo de regeneración de la cosa privada en nuestro Titanic – país – , o séase, en nuestro dramático sálvese quien pueda.

He tenido la gran suerte de conocer hace muy pocos días a un funcionario recién jubilado a través de la red. Me escribía que siempre consideró su profesión como su auténtica vocación. Me recordaba jornadas de trabajo de hasta doce horas diarias, cuando hizo falta cumplirlas. Resumía su trabajo como un auténtico sacerdocio. Me conmovió su definición y su saber hacer. Éste sí que es ejemplo y lo demás son gaitas.

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Entre el caos, la desolación, el entender sin entender y el justificar lo injustificable, surgen a veces gestos memorables, como éste que descubro hoy en la fotografía de Stefan Wermuth (Agencia Reuters) en el diario El País, del alcalde de Londres Boris Johnson, con escoba. Es un canto a lo personal, a las decisiones individuales que uno considera debe de tomar en momentos graves de la vida personal y colectiva. Recuerda enormemente a las imágenes del alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani en los indescriptibles días que se vivieron el 11 de septiembre de 2001. Los disturbios de Londres recuerdan también, parecieran calcados, a los sucedidos en muchas ciudades de Francia hace unos años, ejecutados por jovenes desesperanzados que explotan sin vislumbrar la magnitud de sus acciones. La filosofía occidental del estado de bienestar social se resquebraja a pasos agigantados.


Volvamos a Londres. La colección de fotos del drama que vive en estas ya largas horas, son de una gran belleza: el fuego absolutamente cinematográfico de los barrios, las puertas de los comercios desvencijadas por auténticos vándalos, las pilas de coches quemados, la rabia de los ciudadanos pacíficos impotentes ante lo que está sucediendo. Es espeluznante observarlas, pero de repente surge  el alcalde con un gesto de enorme brío y decisión en su rostro, dispuesto a no dejar pasar un segundo más sin responder ante la desgracia en la que se encuentra sumida Londres, su ciudad.

Es un gesto que sorprende. Uno no se lo espera en la colección de fotografías de tristeza y desolación. Es una acción por otra parte chocante y divertidísima, porque a un señor alcalde uno solo puede imaginarlo a nivel oficial, reunido, echando un discurso o firmando sesudos informes. Pero su adaptación instantánea al momento en el que vive, hace sentir una gran ternura hacia su persona, además de muchas sonrisas a su alrededor como se observa en la fotografía: todos los que le rodean sonríen, por no decir, se tronchan de risa en su fuero interno. ¡Bravo por el señor alcalde londinense! Quizás su primer ministro deba firmar un amargo toque de queda en las próximas horas, pero él habrá quedado para la posteridad armado con su ejemplarizante cepillo en ristre, para vencer la destrucción y lo incomprensible.

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Busco la calma en el extraordinario mar del Estrecho. Desde un país árabe, en Viernes Santo, mientras contemplo imágenes en France 24, muy duras, de las manifestaciones en Siria  y mientras leo con asombro los títulos inferiores sobre la propuesta francesa de limitar provisionalmente la libre circulación de personas en Europa.

Parece que está terminando la época de poderes absolutos y pueblos sometidos. Parece que está terminando el tiempo de pasar hambre y calamidad, por millones de personas, mientras nuestro empequeñecido planeta permite a cualquiera contemplar modos de vida dignos y exigibles para todos.

Si yo fuera joven y sin futuro, como los miles de personas que llegan a Lampedusa, también empujaría a las puertas de Europa, buscando una salida. Encuentro esta buena entrada del pasado 18/02/2011 sobre los acontecimientos allí del blog de Iñaki Díez, corresponsal de RNE En Roma. Es tiempo de propuestas atrevidas para el drama inevitable de la emigración.

Ryszard KAPUSCINSKI, en su libro Ébano: “la gente pasa hambre no porque en el mundo falte comida. La hay y mucha, de sobra. Pero entre los que quieren comer y los almacenes llenos se levanta un obstáculo muy alto: el juego político… Quien tiene comida tiene poder. Nos movemos entre personas que no piensan en la esencia y la trascendencia ni en el sentido  y la naturaleza del ser. Estamos en un mundo en que el hombre, arrastrándose y escarbando en el barro, intenta encontrar en él cuatro granos de cereal que le permitan vivir hasta el día siguiente”. Pags. 211-212, 21ª edición, marzo 2010, Crónicas Anagrama. Escribiendo de otras guerras, en Sudán, en otros tiempos.

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Así rezan estos días varios carteles seguidos uno detrás de otro, en postes de tráfico y farolas de Madrid:

Libia, libre, lágrimas

Libia, libre, lágrimas

Libia, libre, lágrimas

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En Túnez hace un mes: bastó con un pobre hombre, Mohamed Bouazizi, quemándose a lo bonzo y quedando con heridas en el 90% de su cuerpo. Luego, su muerte inevitable. Pueblos cansados de hambre, poco trabajo y abandono, sin esperanza y con demasiadas corrupciones consentidas, levantan hoy su voz por el mundo árabe, el Mediterraneo de demasiadas miserias escondidas durante largo tiempo. Hasta de Yemen llegan hoy noticias de alborotos y de huelgas, después de Túnez y de Egipto.

No nos debe de extrañar nada. Sigo con pasión estas revueltas. Me recuerdan días de tensa transición de mi país. Pero también comienzan a bullir en mi cabeza, aquellas algaradas estudiantiles del mayo del 68 francés. Cundió muy rápido por universidades europeas el ansia de aire fresco y poesía. El contagio hoy de policía y ciudadanos, asemeja a la mezcla de, ya antaño, obreros y estudiantes.

El poderío de las redes sociales en Internet da paso a acontecimientos de dimensiones desconocidas.

Mientras tanto, me ilustro y comparto en facebook artículos como éstos, para ayudarme a entender lo que sucede, que también hoy aquí les recomiendo. Mezclemos las reflexiones: crisis políticas y crisis económica.

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Vista la situación de Túnez en estos momentos, anochecer del 14/01/2011, fecha ya histórica para el pueblo tunecino, es visionario el artículo leido ayer en El País: “Días de ira en el Norte de Africa”, de Jordi Vaquer (Centro de Estudios y Documentación Internacionales de BARCELONA). Esmerado análisis político de la zona.
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Don Tapscott, experto en estrategia de negocios a través de internet. No conocía a este gurú. Leerlo permite mantenerse esperanzado. Aconsejo esta jugosa entrevista en el diario español La Vanguardia
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Kemal Dervis.Comment redistribuer la nouvelle richesse?”

Otro interesante artículo, en este caso en Le Monde, sobre los acontecimientos económicos actuales: economías del Norte en decadencia y economías del Sur avanzando. La convergencia de ambos por la mundialización del progreso tecnológico.

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Wikileaks y su “Philip Marlowe” protagonista universal,  es decir Julian Assange, podría definirse como la versión malvada de la red social Facebook de los lideres mundiales: han dado su amistad al mundo entero sin ellos haber concedido su asentimiento. Al final ¿serán naderías de las que uno empezará pronto a cansarse? El destape informativo,  el descubrimiento , el descalabro es de magnitud 9 ó 10 en la escala de Richter. La desfachatez en los comportamientos de algunos de los representantes políticos,  las artimañas con las que actúan, no nos caben en las cabezas de los más comunes de los mortales. Es como montarse en un avión veinticuatro horas y tener que adaptarse al nuevo destino en diez segundos. Pues no. No lo logramos. Si un trabajador normalito y corriente hiciera acopio de alguno de los modales que se estilan entre los protagonistas de la Wikileaks en su empresa o en su departamento ministerial correspondiente, le habrían despedido de modo fulminante. Pero no, ellos permanecen en su mandato tan tranquilos, sin inmutarse.

Julián Assange. Wikileaks

Mientras los periódicos nos asaltan con titulares de tamaño solo utilizable en noticias de terremotos, maremotos o impresionantes incendios. Cuando parecía imposible soportar la tensión que por días se había establecido en las relaciones bilaterales entre España y Marruecos y me llamaba la familia y los amigos para preguntarme por mi seguridad y salud. Cuando la doble autoridad en un país como Costa de Marfil llega a legales cotas insostenibles y las fronteras de Corea del Norte y Sur pueden hacerse trizas de un momento a otro avecinándose una posible no lejana 3ª guerra mundial. Cuando todo esto pasa, en España se decreta “el Estado de alarma” porque de repente vemos a 650.000 ciudadanos secuestrados por 2.400 controladores y los aeropuertos del mundo pueden llegar a tambalearse por la chulería de unos pocos de mis paisanos.

Cuando todo esto pasa, yo visito el hogar de un compañero de mi trabajo, aquí en el Norte marroquí. Gozan de escasísimos recursos económicos. Han tenido un niño y estallan de felicidad. Pero tres noches antes de la buena nueva , su casa se ha inundando por el desbordamiento del río más cercano y están viviendo en el piso superior, ¡qué suerte! de los padres de ella. Comparten conmigo increibles dulces y me obligan a acudir a su fiesta particular, tres días después del nacimiento de su maravilloso bebé. Cuando me cuenta el emocinado recién estrenado padre, que no tiene seguridad social y que tiene un sueldo por debajo del mínimo exigible para cualquier trabajador. Mientras descubro su barrio y su casa, Wikileaks inunda la prensa de muy dudosos comportamientos de los políticos de cada país y los controladores españoles “nos prometen portarse bien” estas Navidades no yendo a la huelga. Ojo, ante la duda mejor es gobernar con estados de alarma prologandos.

Maremoto

Cuando todo esto pasa, también visité la antigua, sencilla y a la vez hermosa Iglesia católica de Ksar-el-Kébir, hoy secularizada y regentada por tres Hermanas Paulas, que hacen una indescritible labor humanitaria con niños abandonados, jóvenes sin recursos y madres en zonas rurales pobres e intransitables. Pero este callado trabajo no me cabe en esta entrada. Pienso grabarlas en videos y subirlo a Youtube.

Ayer pusimos dulzura a nuestras vidas cantando hermosos villancicos, como el año pasado, como todos los años, en los que siempre la chispa de sentimentalismo nos permite querernos un poco más a todos y prometernos felicidad con tiernos deseos de lo mejor para los nuestros.

Desde que sé que Ana María Matute escribe sus párrafos más inspirados al atardecer con un gin-tonic, les confesaré que alguna de mis líneas son también fruto de un refrescante sorbo de cerveza al rozar la medianoche.

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En mi memoria quedan unidos el conocimiento del periódico aragonés Andalán y nuestro genial cantautor José Antonio Labordeta. El periódico lo debía de comprar  para nuestra casa en Jaca alguna de mis hermanas las mayores allá por el  año 1972 y a buen seguro que también mi padre, empedernido lector de prensa.

El pasado domingo, día del fallecimiento de Labordeta, nostálgica, melancólica, lejos de mi tierra aragonesa, busqué rápidamente dos libros que recordaba tener de él. Los abrí al azar y disfruté leyéndole. No podía volver a visionar algún video en vhs de sus magníficos programas para la televisión, “Un país en la mochila”. Recuerdo también un gran artículo de prensa que escribió a la muerte de Manuel Giménez Abad. Lo buscaré en las hemerotecas.

Como ya se ha dicho todo sobre él estos días en todos los medios de comunicación, incluida la red, me gusta compartir un texto y dos poemas suyos. En el texto de su libro “Banderas rotas”, 2001, habla del Rey, del Pirineo, de su primera canción. Los poemas de su libro “Cantar y callar”, 1971, los he seleccionado con intención: el primero “Llevas dura la vida” rezuma tristeza, nombra el nuevo otoño,  y pienso en este otoño en el que él se nos ha ido. Además es excepcional su verso antepenúltimo: “..la vida son etapas de esperanzas fallidas…”

El segundo poema elegido es la canción Aragón. “…Al Norte los Pirineos y al Sur la Sierra callada…Escúchenla con recogimiento: eriza el alma.

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LABORDETA, J.A. Banderas Rotas. Cuasimemorias. La Esfera de los libros, Madrid, 2001.

Capítulo V. Licenciados Vidriera. Pag. 91-92

“Ser el diputado portavoz con menos votos de toda España, en tantos por cientos, que esto ya me lo repiten en el partido para tranquilizar mi ego, tiene alguna ventaja y una de ellas es que el Rey a quien primero recibe es precisamente al “último de la fila”, es decir, a mí.

No sé por qué, pero la tarde en que me dijeron que un coche oficial me llevaría hasta el Palacio de la Zarzuela me entró el nervio: había que ponerse “mudao”, con corbata y todo. Aproveché el traje de la boda de mi hija y me puse una corbata firmada y pintada por Ibarrola, que él me había regalado hacía unos años. Me la puse, porque sabía que aquella tarde, al salir de la “audiencia real”, la prensa y la tele estarían esperándome; sería el momento oportuno para denunciar el acoso a que estaba siendo sometido un tipo como Agustín, amigo desde siempre, y que sufrió cárcel y exilio por su lucha a favor de las libertades de este país. Y con ella fui a ver al Rey.

Es posible que todos los nostálgicos del republicanismo, entre los que me encuentro, se cabreen cuando lean estas líneas: a mí este hombre me cae bien. Y como lo siento, lo digo. Por eso me sentí a gusto durante la audiencia: hablamos de Zaragoza, de Candanchú, del agua del Ebro, de los trasvases y de nuestra negativa a aceptarlos. Y hablamos de la Espiga, una excelente cafetería adonde él iba cuando andaba de cadete por la Academia y recordamos el chocolate vienés del Niké, cuando él, con algunos compañeros, se sentaba en mesas cercanas a las nuestras y nosotros, eso no se lo dije, preparábamos la revolución. Y hablamos del país, de cómo lo veíamos los dos, del terrorismo y de la gente. Y sin más me preguntó:

-Y eso de cantautor, ¿de dónde le viene?

-Ya ve –le respondí en broma-, de cantarles a las chicas de la Sección Femenina en un albergue de Canfranc.

Se echó a reír. Es un hombre que tiene la risa fácil y pegadiza, y desde entonces cada vez que nos hemos cruzado en nuestros caminos, él me pregunta por lo de cantautor. Un día tendré que contar que mi primera canción, con letra y música de un servidor, la inventé e interpreté una noche de desgarro surrealista en la casa del fotógrafo Tramullas de Jaca, mientras un ilustre profesor de la nada intentaba domesticar un perro lobo que huía de él como alma que lleva el diablo”.

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LABORDETA, J.A. Cantar y callar. Ed. Javalambre, Zaragoza, 1971

Llevas dura la vida

Llevas dura la vida

y tierra dura la muerte que tú llevas,

bajo la ardiente parva

y el monte desolado.

Izas, como una ira, la mano,

hacia la lluvia, que nunca puede estar

donde tú quieres. Y abandonas los hijos

en la siembra otoñal. Inviernas en la espera

al fuego deslumbrante del matojo.

Y abril nunca abrilea para todos.

Se agosta el trigo,

el hambre y el verano. Y para el nuevo otoño

-la vida son etapas de esperanzas fallidas-

sembrarás, sobre el polvo,

otra vez tu nostalgia

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Aragón

Polvo, niebla, viento y sol,

y donde hay agua una huerta.

Al norte los Pirineos,

esta tierra es Aragón.

Al norte los Pirineos

y al sur la Sierra callada.

Pasa el Ebro por el centro

con su soledad a la espalda.

Dicen que hay tierras al este

donde se trabaja y pagan.

Hacia el oeste el Moncayo

como un dios que ya no ampara.

Desde tiempos a esta parte

vamos camino de nada.

Vamos a ver como el Ebro

con su soledad se marcha,

y con él van en compaña

las gentes de estas vaguadas,

De estos valles, de estas sierras,

De estas huerta arruinadas.

Polvo, niebla, viento y sol,

y donde hay agua una huerta.

Al norte los Pirineos,

esta tierra es Aragón.

José Antonio Labordeta

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