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Archive for the ‘Personal’ Category

 

Qué escribir sobre el destino

Trabajarlo cual hazaña cada instante
dejarlo venir examinándolo de lejos

Ay si yo pudiera doblegarlo
Adivinar las intenciones de los otros

Soñando calles viejas y ojos nuevos
sentir si es mejor una pobreza
o un engañoso lujo pasajero

Ir a guerras o a un tsunami
a tórridos soles y aguaceros
a helados vientos
a  persistentes nieves

Mi actual destino vence a todo
regalando visiones de postal indescriptibles
Llegando al rondpoint
en círculo seis larguiruchas palmeras
Al fondo el inmenso mar mañanero

Siempre al despertar
el Rif presumido señorial
majestuoso

 

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Pienso con gran serenidad, desde hace un año, que he encontrado la persona que desearía cerrara mis ojos por última vez. Por supuesto serían mis hijos, si fuera sin tener que molestarles con una enfermedad previa gravosa para sus vidas. Pero, si no me parto la crisma en una curva por las carreteras algún día, y tuviera que morir con fe y resignación en una cama, H., mi empleada doméstica, es la persona elegida.

La conozco desde hace un año y medio. Hablamos distinta lengua, élla árabe y yo español. Con su formación básica de la escuela ha aprendido ya un poco mi lengua y nos comunicamos de un modo gestual muy divertido, para casi todo. Es respetuosa, simpática, agradable, servicial, sensata, con una inteligencia natural muy superior a la media. Nos apreciamos mucho. Desearía que me acompañase por el mundo, pudiendo envejecer juntas.

Hay ratos en los que uno fantasea con que los últimos momentos de una vida estuvieran cerca, porque siente que ya lo ha vivido casi todo. En otras ocasiones, uno piensa en los hijos que ya parten por sus caminos, pero que quizás te necesiten todavía un poco sin sabértelo expresar.

El deseo de morir es egoista. Pero quizás uno lo ha sido demasiado poco o va de víctima, esa posición tan poco saludable como filosofía de vida.

Es preferible desechar pensamientos radicales y buscar enseguida ínfimas salidas: las divertísimas viñetas de los diarios, en las que los mayores dramas quedan relativizados y tratados con hermosísima ternura. Esa viñeta, hoy, la rastreo para mi entre papeles viejos, papeles nuevos y en la red. O también rastreo  ese poema que reconforta con la expresión exacta de un sentimiento. Jorge Manrique, Coplas por la muerte de su padre

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…Nuestras vidas son los ríos

  que van a dar a la mar

que es el morir…

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Vuelvo a España, a mis madriles, después de tres meses fuera. Me gusta mucho recorrer el barrio de mi antiguo trabajo y tomar el café con mis compañeras íntimas. Comentamos cómo nos va la vida a unas y a otras y paseamos diez minutos bajo el espléndido,  suave y temprano sol de las once horas.

Me siento verdaderamente entristecida con la profunda herida que la crisis ha dejado en el pequeño comercio del barrio. La excelente perfumería regentada por unas señoras mayores amables y encantadoras ha cerrado. Me justifica mi amiga: “no, esta tienda no se ha cerrado por la crisis; las tenderas eran muy mayores”.  Medio me lo creo y recuerdo a mi tío y a mi padre en una antigua ferretería que regentaron el negocio en otra ciudad hasta pasados sus noventas años, con empleados a su cargo, además de mantenerse ellos en su entorno de siempre.

Volviendo al barrio de mi trabajo, el mercero aguanta el tipo con dos de sus hijos muy dignamente, eso sí con las estanterías de hace setenta años y lo mismo podemos decir del mostrador. No me he percatado en este viaje si todavía continúan con la actividad suplementaria de alguna señora que arregla las carreras en las medias de las mujeres: cuando había retraso en la recogida de las medias, ponían un papelito blanco en la envejecida puerta, para recordar a las clientas su pequeño olvido.

Sin embargo ha cerrado mi maravillosa tienda de materiales para la encuadernación Chagrin, en la que vendían todo tipo de elementos que necesitaban para su arte, bien el profesional o bien el aficionado. Era principalmente un santuario a visitar de soberbias guardas para libros, elaboradas por los más afamados pintores de este minoritario arte de Madrid y algunos de Cataluña. Deberé indagar en alguna antigua tarjeta el motivo del cierre. Ojalá que el motivo de su cierre no haya sido la crisis.

Tenían plásticos y papeles gris oscuro los escaparates de un lindísimo chaflán, donde se vendían diversas telas de panamá y los modelos de dibujos preparados para el punto de cruz.  La dueña había llegado a montar un tallercirto encantador de aprendizaje de este laboriosísimo arte.

Ya en un viaje mío anterior, en el local donde se vendían preciosas ropas de bebé, se había instalado con cierto lujo una tienda de ropa china para mujer. No solo en la calle principal del barrio, sino en varias adyacentes, estas tiendas reinan por doquier. De este asunto del comercio chino que silenciosamente invade Madrid y centenares de ciudades del mundo me ocuparé algún otro rato.

Sin estar en las cuadras del barrio, pero sí a tres o seis manzanas más, me ha dado escalofrío pensar en en las dificultades de las tiendas Musgo y que la ropa de Adolfo Domínguez no se vende como hasta anteayer. Su estilo me subyuga y el lema de “la arruga es bella” siempre me pareció acertadísimo, casi inmortal. Prometo comprar siempre ropa de estas austeras y elegantes tiendas, eso sí, aprovechando la temporada de muy provechosas rebajas.

El restaurante que fue griego y pasó a otras modernas manos de nuevo diseño, de interior  y de restauración,  en dos años de nuevo, zas, cierre al canto. Y también ha cerrado la tienda de muebles de La Cartuja, llena de sobriedad y buen gusto. Menos mal que se mantiene el mercado de siempre.

Corto y cierro:  no he podido disimular mi gusto por el pequeño comercio, aún complaciéndome un montón igualmente paseando y revolviendo el género en las grandes superficies. Pero el sabor, la vida que da el pequeño comercio a las pequeñas y medianas calles de los barrios de las ciudades, es inigualable.

Leer y recordar un poco para no olvidar:  Los comercios históricos del barrio.

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Ayer viajé por la mañana. Día frío, de brillante sol, verdes vivísimos en el campo. Mientras conducía por una impecable autopista del norte marroquí, en unos segundos muy largos, me quedé impresionada con la vista que tenía a mi izquierda: era exactamente la misma imagen que el fondo de mi escritorio en la pantalla de mi pc.

Felicidad Escritorio de Windows Xp

A este paisaje excepcional, montañas muy bajas y onduladas, aquí lo llaman dunas. Fue una sensación de plenitud, de experimentar en real, la dulce vista con que mis ojos se complacen siempre, cuando trabajo en el ordenador. Hace tiempo que la tengo. No me gusta cambiarla. Me produce calma. La busco ahora, para añadirla a estas líneas con el fin de compartir el inmenso placer de mis ojos. Refleja mi bienestar interior, mi yo profundo apaciguado conmigo y con el mundo. Descubro que algún sensible programador hace años tituló precisamente la imagen como felicidad.

Son momentos imborrables, coincidencias con las que la vida te regala a veces, que alimentan mi cerebro y mi corazón de dulces pensamientos y sentires.

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Ríe para no matarse, para no morir, para disimular.  Sufre de urgencia interior, de impaciencia incurable. Escucha a menudo:  “la prisa mata”. Sabia recomendación que persigue exhausto. Desea vivir más de lo que en el tiempo cabe. Ansía desatarse de trillados caminos ya andados. Se complace marchando libre, cual pájaro en un desviado viaje. Ríe llorando para complacer, ríe para no estar solo. Ríe, quereres buscando.  Ama profundamente a nadie. Sobrevive. Se oculta entre las muchedumbres, divertido y amable.

“La sonrisa de una lágrima” de Joan Miró

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Estrené el carril bici el sábado pasado por la tarde. Por aquello de los posibles Olímpicos en Madrid, y por aquello de la crisis, comenzaron en el barrio hace unos meses, (y en toda España, pero de esto hablo otro día),  trabajos urbanos de albañilería desenfrenados para no se sabía qué. Fue para, por fin, tenernos en cuenta a la pandilla ciclista madrileña (o mundial, llegado el caso).

En la calle más cercana a la mía, han extendido un maravilloso carril bici que ningunea a la especie de los conductores de tal manera, que ahora no caben los coches. Los ciclistas, uno de cada 1.000 ó 2.000 coches calculo yo, nos lucimos por la alfombra roja casi solo los fines de semana. Pero los miles de coches que pasan a diario, se desesperan ratos  y ratos, dado que, donde había dos carriles para coches en la calle ahora solo hay uno. Las aceras eran ya anchísimas y la alfombra roja es auténticamente señorial, con lo que el diseño urbanístico es verdaderamente utópico.  Esta muy bien soñar con un Madrid lleno de miles de ciclistas por las calles a diario, como en algún país del Norte de Europa, pero la realidad es bien distinta.

No se ha tenido en cuenta, creo yo, que si se priva a la calle de un carril para coches, calle ya muy atascada con anterioridad a la puesta en marcha de la alfombra roja, sería esencial pensar en el más sensato medio de transporte público donde no tenemos metro, que es el autobús. Pues bien, los dos autobuses mañaneros pasan cada cinco y diez minutos máximo hacia el centro. Pero llega la tarde y agota la paciencia del más cuerdo, la tediosa espera de veinte minutos o más para tomar el bus de vuelta a casa.

Resumiendo, mientras el transporte de autobús público en mi barrio no mejore, el personal continua sacando sus flamantes coches para ir a los trabajos. Y la bici para acercarnos al centro continua siendo francamente dura, además de no existir unas sencillas duchas en las oficinas, para aliviarse de los sudores de la pedalada al llegar y empezar el trabajo con cierta higiénica dignidad. Mil aplausos a la alfombra roja y petición de frecuencia autobusera cada cinco minutos durante toda la jornada. Solo así, el coche dejaría de ser el rey en las calles de mi barrio. Les hablo de la calle Juan Ignacio Luca de Tena, por el Norte de Madrid, zona Suanzes y las instantáneas las tomé  en horas muy bajas de tráfico.

Nuevo carril bici en Madrid

Afombra roja para bicis

Solitario carril bici con un viandante

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rompeolas

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