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Archive for the ‘Jaca’ Category

En mi memoria quedan unidos el conocimiento del periódico aragonés Andalán y nuestro genial cantautor José Antonio Labordeta. El periódico lo debía de comprar  para nuestra casa en Jaca alguna de mis hermanas las mayores allá por el  año 1972 y a buen seguro que también mi padre, empedernido lector de prensa.

El pasado domingo, día del fallecimiento de Labordeta, nostálgica, melancólica, lejos de mi tierra aragonesa, busqué rápidamente dos libros que recordaba tener de él. Los abrí al azar y disfruté leyéndole. No podía volver a visionar algún video en vhs de sus magníficos programas para la televisión, “Un país en la mochila”. Recuerdo también un gran artículo de prensa que escribió a la muerte de Manuel Giménez Abad. Lo buscaré en las hemerotecas.

Como ya se ha dicho todo sobre él estos días en todos los medios de comunicación, incluida la red, me gusta compartir un texto y dos poemas suyos. En el texto de su libro “Banderas rotas”, 2001, habla del Rey, del Pirineo, de su primera canción. Los poemas de su libro “Cantar y callar”, 1971, los he seleccionado con intención: el primero “Llevas dura la vida” rezuma tristeza, nombra el nuevo otoño,  y pienso en este otoño en el que él se nos ha ido. Además es excepcional su verso antepenúltimo: “..la vida son etapas de esperanzas fallidas…”

El segundo poema elegido es la canción Aragón. “…Al Norte los Pirineos y al Sur la Sierra callada…Escúchenla con recogimiento: eriza el alma.

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LABORDETA, J.A. Banderas Rotas. Cuasimemorias. La Esfera de los libros, Madrid, 2001.

Capítulo V. Licenciados Vidriera. Pag. 91-92

“Ser el diputado portavoz con menos votos de toda España, en tantos por cientos, que esto ya me lo repiten en el partido para tranquilizar mi ego, tiene alguna ventaja y una de ellas es que el Rey a quien primero recibe es precisamente al “último de la fila”, es decir, a mí.

No sé por qué, pero la tarde en que me dijeron que un coche oficial me llevaría hasta el Palacio de la Zarzuela me entró el nervio: había que ponerse “mudao”, con corbata y todo. Aproveché el traje de la boda de mi hija y me puse una corbata firmada y pintada por Ibarrola, que él me había regalado hacía unos años. Me la puse, porque sabía que aquella tarde, al salir de la “audiencia real”, la prensa y la tele estarían esperándome; sería el momento oportuno para denunciar el acoso a que estaba siendo sometido un tipo como Agustín, amigo desde siempre, y que sufrió cárcel y exilio por su lucha a favor de las libertades de este país. Y con ella fui a ver al Rey.

Es posible que todos los nostálgicos del republicanismo, entre los que me encuentro, se cabreen cuando lean estas líneas: a mí este hombre me cae bien. Y como lo siento, lo digo. Por eso me sentí a gusto durante la audiencia: hablamos de Zaragoza, de Candanchú, del agua del Ebro, de los trasvases y de nuestra negativa a aceptarlos. Y hablamos de la Espiga, una excelente cafetería adonde él iba cuando andaba de cadete por la Academia y recordamos el chocolate vienés del Niké, cuando él, con algunos compañeros, se sentaba en mesas cercanas a las nuestras y nosotros, eso no se lo dije, preparábamos la revolución. Y hablamos del país, de cómo lo veíamos los dos, del terrorismo y de la gente. Y sin más me preguntó:

-Y eso de cantautor, ¿de dónde le viene?

-Ya ve –le respondí en broma-, de cantarles a las chicas de la Sección Femenina en un albergue de Canfranc.

Se echó a reír. Es un hombre que tiene la risa fácil y pegadiza, y desde entonces cada vez que nos hemos cruzado en nuestros caminos, él me pregunta por lo de cantautor. Un día tendré que contar que mi primera canción, con letra y música de un servidor, la inventé e interpreté una noche de desgarro surrealista en la casa del fotógrafo Tramullas de Jaca, mientras un ilustre profesor de la nada intentaba domesticar un perro lobo que huía de él como alma que lleva el diablo”.

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LABORDETA, J.A. Cantar y callar. Ed. Javalambre, Zaragoza, 1971

Llevas dura la vida

Llevas dura la vida

y tierra dura la muerte que tú llevas,

bajo la ardiente parva

y el monte desolado.

Izas, como una ira, la mano,

hacia la lluvia, que nunca puede estar

donde tú quieres. Y abandonas los hijos

en la siembra otoñal. Inviernas en la espera

al fuego deslumbrante del matojo.

Y abril nunca abrilea para todos.

Se agosta el trigo,

el hambre y el verano. Y para el nuevo otoño

-la vida son etapas de esperanzas fallidas-

sembrarás, sobre el polvo,

otra vez tu nostalgia

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Aragón

Polvo, niebla, viento y sol,

y donde hay agua una huerta.

Al norte los Pirineos,

esta tierra es Aragón.

Al norte los Pirineos

y al sur la Sierra callada.

Pasa el Ebro por el centro

con su soledad a la espalda.

Dicen que hay tierras al este

donde se trabaja y pagan.

Hacia el oeste el Moncayo

como un dios que ya no ampara.

Desde tiempos a esta parte

vamos camino de nada.

Vamos a ver como el Ebro

con su soledad se marcha,

y con él van en compaña

las gentes de estas vaguadas,

De estos valles, de estas sierras,

De estas huerta arruinadas.

Polvo, niebla, viento y sol,

y donde hay agua una huerta.

Al norte los Pirineos,

esta tierra es Aragón.

José Antonio Labordeta

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Me ha impresionado conocer su fallecimiento, el pasado 27 de julio. Quiero traer algunos recuerdos de él que llenan mi memoria esta mañana. Yo era una alumna de nuevo ingreso en el Instituto Domingo Miral de JACA. Quinto curso de Bachillerato. Diremos mejor, alumnita de catorce años. Pasábamos un gran grupo de amigas del colegio religioso de chicas al ambiente laíco y mixto del Instituto. Fue otro de mis saltos mortales. Todos los profesores eran nuevos. Elegimos ya o Ciencias o Letras. Recordaré a los que nos “desasnaron”:  Agustín Sanmiguel de Biología, Ángel Olmos de Filosofía, Oani de Matemáticas, Paz de Francés, Polit de Dibujo, D. Guindeo de Religión,  y Dª Filo de Música. Me faltan los nombres de los profesores de Química y Gimnasia.

Agustín era delgado, no muy alto, barbilampiño, tímido y de aspecto serio. Siempre con chaqueta profesoral, de sport y sin corbata. Era el profesor que aparecía todos los días en clase con una caja de tizas de colores, su excelente arma didáctica.  Tuvimos la inmensa suerte de aprender el funcionamiento de la célula humana y tantos apartados de aquella asignatura de Biología, con sus divinos dibujos, sencillos, didácticos y de una elaboración propia, original e inigualable. Con una voz tenue, disfruté siempre en sus clases, en la primera fila.

Instituto Domingo Miral JacaDe Agustín además tenemos en multitud de hogares jaqueses sus preciosas láminas color crema con dibujos de lugares de la ciudad y de la montaña a plumilla negra. Su estilo naïf encandiló a muchos y se vendían por grupos, si mal no lo recuerdo, con una hermosa presentación en sencillas y elegantes carpetillas, del mismo color crema que las láminas.

Los grandes conocimientos de Agustín sobre el arte mudejar quedan para todos en su numerosísima obra escrita. Fue además Presidente del Instituto de Estudios Bilbilitanos. Otras etapas de su vida quedan ampliamente detalladas en el obituario de El Mundo.

Por último anotar el recuerdo más íntimo de la estancia de Agustín en el antiguo  Hotel Mur de mi familia donde yo viví cuatro años, de enero a junio, en mi adolescencia. No era costumbre todavía extendida en los años 70 alquilar pisos. Algunos profesores del Instituto procedentes de otras ciudades vivían, creo que bien tratados porque repetían sus inviernos, en el Hotel. El gran comedor de huespedes y el pequeño familiar se encontraban uno a continuación del otro. Les unía una puerta con cristales de rayas grises, que permitía contemplar al público. ¡Cuantas veces temprano miré antes de desayunar, si se encontraba allí el grupito de profesores, que volvería a encontrar en el Instituto! Se colocaban por costumbre en la mejor mesa del comedor, al lado de dos balcones en el chaflán de la calle Santa Orosia y la carretera de Francia, frente a la Ciudadela.  A mis catorce años, contemplar aquella mesa, me producía una sensación de infantil importancia y turbación. Las correrías luego en las aulas, las barrabasadas de algunos y el ambiente fantástico del Instituto, son inseparables de la presencia del grupo de profesores al que perteneció Agustín Sanmiguel.  Muchísimos alumnos del  Instituto Domingo Miral de Jaca, guardan para sí, gratísimos encuentros con él.

Obra escrita de Agustín Sanmiguel Mateo

Obituario en El Mundo: Agustín Sanmiguel Mateo, 01/08/2009

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La Calle Mayor de Jaca. F. Heras

 

Canta Ana Rodrigo 

 

Majísimo email de mis amigos desde Zaragoza. 29/04/08

Ahí te va esta hermosa jota que el padre de Eugenia cantaba extraordinariamente y que hemos localizado por aquí por casualidad.
 
Hala, échate un llorico y nos cuentas.
 
Besos
Javier y Eugenia

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Canta Miguel Fleta

 

 

Escuchad vosotros la jota del tenor Miguel Fleta de mi parte. Nuestra tierra pirenaica y aragonesa tira mucho desde Madrid. Os abrazo a los dos, con emoción sostenida.

Paz

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Cada año, cada primavera, los jacetanos de todos los días, los lugareños, salen muy temprano a disfrutar de esta fiesta. Es el PRIMER VIERNES DE MAYO. Aconsejo que se pidan un día de permiso a los que no la conozcan. Después de los desfiles, solo resaltaré, el nudo en la garganta que deberán contener cuando escuchen comenzar  este singular cántico, en la puerta de nuestro Ayuntamiento; en la estrechez de nuestra calle Mayor, repleta de miles de personas . Suele ser sobre la una de tarde. De los que vivimos fuera he oido decir de todo: que lo escuchan en su móvil en ese mismo instante y se ponen tristes, melancólicos. Otros sueñan y reniegan de haberles sido imposible acudir a nuestra grande y pequeña cita anual. Yo prometo subir aquí algunos acordes para que ustedes puedan saborearlo.

El Himno español no encuentra su letra, pero estoy convencida de que hay personas excepcionales y cultas en nuestro país que puedan dar en la diana de unos versos cálidos, de emoción, de entusiasmo, de amor por esta hermosa Iberia. Si no se logra, mejor el silencio de las palabras. La música de nuestro Himno une igual inmensamente, a todos los ciudadanos españoles y de bien.

¡Arriba bravos jacetanos!


Arriba, bravos jacetanos.

Corred prestos a la pelea;

que miles de moros ufanos

buscan de Jaca la presea.

Cansad vuestros brazos de herir;

al invasor no déis cuartel;

con gloria vencer o morir;

conquistad eterno Laurel.

Jaca libre sabe vivir

a la sombra del monte Oroel.

CODA

¡Viva España! ¡Viva Aragón!

Marchad alegres sin desmayo;

celebrad el Viernes de Mayo;

unid Progreso y Tradición…

Guardad el secular Laurel,

bravos, al vencer o morir.

Jaca libre sabe vivir

a la sombra del monte Oroel.

¡Arriba!,bellas jacetanas.

Dejad luego vuestras labores;

que bravas las huestes cristianas

luchan por Jaca con honores.

Huid, moros,por el confín,

al resplandor de este tropel.

¡Victoria! es el grito viril

del valiente pueblo jaqués.

Jaca libre sabe vivir

a la sombra del monte Oroel.

(A la Coda)

Ya vuelven huestes victoriosas.

Corred prestos a la muralla;

en lanzas las cabezas moras

dicen trofeos de batalla.

Mostrad vuestro aliento viril;

al Conde Aznar debéis laurel;

con gloria proclama el clarín

el valor del pueblo jaqués.

Jaca libre sabe vivir

a la sombra del monte Oroel.

(A la Coda)


Música: Josep Lluís Ortega Monasterio / Letra: Eugenio Villacampa. 1955

Partitura tomada del libro "El Viernes Jubiloso", Juan Lacasa Lacasa, 1988

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www.Jaca.com



Artículo relacionado. 05/03/2010, El Mundo: Cantar en París el Himno Nacional. Manuel JIMÉNEZ DE PARGA

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