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Archive for the ‘Fotografía’ Category

Ya dejé dicho en alguna anterior entrada mi gusto por la fotografía. Ésta que les traigo hoy la encontré en unos enormes almacenes con mucho encanto, comprando viejuras. No la tuve que mirar dos veces. A la primera la introduje en un destartalado cesto junto con tacitas de café, cuatro platos de cerámica coloreada verde fuerte y amarillo suave, de tamaño raro ni de postre ni de segundo,  unas copas de cerveza de bar con marca estampada y otras copitas majísimas, del tamaño exagerando de un dedal, para tomar algún licor de graduación excesiva.

fotografia antigua fiesta boda 1

Fotografía de una boda antigua

Compré las piezas de vajilla para estrenarlas en un futuro hogar montañés, pero miren ustedes por donde, han acabado por ser incorporadas a un enano apartamento inesperado capitalino. Siempre pienso que uno se lanza a comprar objetos de ocasión con objetivos determinados, y luego el tiempo desvía su destino por el camino.

De la fotografía supe desde que la descubrí, que además de disfrutarla y observarla con gran detenimiento, admirando el conjunto y  acariciando con sonrisas los detalles de cada uno de sus personajes, intentaría sacar cuatro cuartos  con ella en alguno de esos portales para venta de objetos de segunda, tercera o cuarta mano. Si no la coloco a buen precio, preferiré seguir con ella en mi poder, concediéndole en un oportuno rincón el valor de un gran hallazgo. Sé que cuando entren en casa mis conocidos me preguntarán: ¿y quien son los de esta boda tan pintoresca y tan maja? ¡Pero cómo la familia protagonista pudo desprenderse de ella!

La fotografía viene montada en un marco marrón sencillo, con muy buena sujeción de madera en parte posterior que no me atrevo a desmontar. Como se hacía en ocasiones, pudiera venir por detrás una preciosa leyenda que dijera los nombres de los novios, la fecha y el pueblo donde se hizo. Quedará para algún futuro dueño descubrirlo, si es que logro la reventa, y su curiosidad le pudiera más que cualquier cosa. No quiero dejar de detallar el paspartú: ajado lo justo por el tiempo, realza a la perfección la fenomenal fotografía.

He contado y recontado varias veces el número de invitados a la boda: rondan los 65, más la pareja de novios, pero dejo al buen ojeador para que me lo confirme. Solo uno de los invitados, adivino una señora, se ve borrosa en parte superior derecha, fila dos desde arriba,  tercera contando hacia la izquierda. Entre todos solo hay una dama con gafas, increíble, les dejo que la encuentren. Adivino una señora verdaderamente anciana, quizás la abuela del novio y al lado también los padres, en fila primera parte izquierda,  y algún señor de edad en la altura, pasados los sesenta. La mayoría, rondan las edades de los novios. Tampoco podían faltar un bebé con su madre en primera fila ¡mirando al fotógrafo!; una niña, la del chal blanco en extremo inferior derecha, un niñito a su lado y en la zona superior izquierda un pequeño galán luciendo su primera  corbatita.

Muchos caballeros lucen frescas flores en los ojales. La mayoría se ataviaron para la fiesta con corbata y hubo algunos invitados originales que se atrevieron con sus mejores pajaritas. Observo enorme condensación de bigotes; sin ir más lejos, toda la fila izquierda de abajo a arriba. Echo en falta alguna barba.

Pocos sonreían francamente; pusieron casi todos adecuadísimas poses para la posteridad. Pudiera ser el inicio de la primavera porque se observan muy pocos abrigos. Aunque bien pensado, si hubiera hecho frío, fotografiarse con abrigo pega poco. Alguna dama se lanzó a la manga corta, después de haber requetepensado qué se pondría ese día.

Pásmense: creo adivinar dos señores misteriosos tocando el acordeón en el ventanal superior. Si no fue así da igual. La fotografía silenció claro el sonido, pero yo lo escucho inigualable dando el festivo tono que la ocasión requería. Observen el detalle delicioso de hojas de pino con flores blancas como ornamento medio colgando de ese ventanote.

Y qué decir del novio con sus guantes blancos. Y la hermosa cola del traje de la novia. Ellos inmortalizaron el momento con semiseriedad y con un secreto guiño a la cámara de su inmensa felicidad recién sellada. Porque yo me supongo que la fotografía se hizo una vez ya casados. ¿O ustedes que piensan? Imposible un encuadre mejor para tan inolvidable instante: austero, dignísimo, impecable.

Pie de la fotografía: Photo Albert. Dax. Fecha y lugar desconocidos.

pd: es la foto tan estupenda que invito a los lectores a continuar  con sabrosas descripciones. La mía, me sabe a poco.

NOTA: desde un pc no se maximiza la fotografía, pero sí desde un móvil. Misterios del tratamiento de las imágenes pesadas y esas zarandajas.

fotografía antigua fiesta boda con marco

Fotografía boda antigua con marco.

 

vajilla de segunda mano

Vajilla y copas de segunda mano

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Cuando se recibe por whatsapp unas fotografías irreales, sobre un hecho asombroso que sucede en los mismos instantes de recibir las imágenes, una hazaña irrepetible, la excepcionalidad andante, solo puede sentirse un sobrecogedor escalofrío.

El funambulista Nick Wallenda sigue los pasos de su tatarabuelo muerto en el ejercicio de la misma función que él. El amante del máximo riesgo, el apasionado de la temeridad, cruzaba el oscuro firmamento de Chicago, iluminado por miles de ínfimas ventanas nocturnas de majestuosos edificios que permanecieron sin habla.

Solo queda compartir y dar el nombre del autor de las dos exquisitas fotografías saboreadas una madrugada de noviembre de 2014.  Enrique Valdés Lacasa estaba allí para contemplar, aprehender con su móvil y enviar en cuestión de nanosegundos, el inmenso esplendor regalado por un intrépido y arrojado funambulista al mundo entero. Absoluta hermosura de un insuperable acontecimiento-aventura.

 

Chicago noche, 2 de noviembre de 2014. Funambulista Nik Wallenda

Chicago noche, 2 de noviembre de 2014. Funambulista Nick Wallenda. Instántanea 1

 

02 Chicago Funambulista 2 11 2014 Enrique Valdes Lacasa cr

Chicago noche, 2 de noviembre de 2014. Funambulista Nick Wallenda. Instantánea 2

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No me resigno a la idea de un Madrid desolador, sin turismo, sin alegría, sin grandeza.

Un irrepetible fin de semana del pasado mes de septiembre, con una luz que hacía de la ciudad un paraíso, tuve con un familiar la imprevista idea de subir al ascensor del grandioso Palacio de las Telecomunicaciones, en la impresionante Plaza de Cibeles. Supongo que estará en la actualidad, entre una de las imprescindibles visitas para aconsejar cualquier guía turístico que se precie como tal. Por un módico precio de dos euros para adultos, tuvimos una experiencia irrepetible de sentir y captar nuestro inmenso Madrid a vista de pájaro. Por no ser todavía requeteconocido el ascensor que te eleva hasta la octava planta del edificio, el público no era excesivo y el ambiente nos permitió disfrutar de una cartelería perfecta, de fotografías aéreas imponentes que te muestran, te acercan, a decenas, si no centenares, de iglesias, monumentos, edificios singulares y un largo etcétera de puntos magníficos del extenso centro de la ciudad, aportando también puntos alejados que ayudan a adivinar la sierrra y otros maravillosos alrededores.

Madrid desde el Palacio de Cibeles

No he subido todavía a nuestro Faro de Madrid; siento cierto bochorno al reconocerlo. Prometo ir en mi próxima visita. Descubro que la fotografía anunciadora en la web del Faro, con Berzosa y Gallardón, no tiene parangón en cuanto a interpretación de nuestras dos orillas políticas.

Sí monté hace años, pasando bastante vértigo, en el teleférico que te lleva en volandas por encima de La Casa de Campo: el paseo hace las delicias de la chavalería, comenzando el trayecto desde la encantadora puerta del Paseo de Rosales.

Como propuesta para un turismo original, busco y descubro que ya existe el paseo por el cielo de Madrid en helicóptero:  me parece que bajando los precios vertiginosamente el turismo masivo podría cubrir bastantes turnos de estos vehículos.  Igualmente Madrid en globo, puede hacer maravillar a numerosos grupos de turistas fomentando el conocimiento de la ciudad desde lo altísimo.

Y volviendo al ascensor inicial de este post, del Palacio de Cibeles, me permito traer de la guía visual de EL PAÍS de la ciudad de Nueva York, el origen del Empire State Building: “Su construcción se inició unas semanas antes del hundimiento de la bolsa de 1929 y cuando se inauguró, en 1931, resultaba tan difícil de alquilar que se le llamó ” The Empty -vacio- State Building”. Sólo la rápida popularidad que adquirieron sus miradores lograron salvarlo de la quiebra”, un edificio hoy visitado por 110 millones de personas. Estos millones son los que deseo para el ascensor del Palacio de Cibeles, con horarios de visitas hasta el amanecer, y no el montaje actual, bien pausado, pero bastante funcionarial en cuanto a organización general. Parece que a los responsables les diera pereza afrontar el éxito arrollador que esta fántastica visita pudiera tener dentro de muy pocos meses, con unos gestores atrevidos, pensando y sintiendo Madrid a lo grande.  Ah, por cierto, les dejo disfrutando del artículo de Elvira Lindo “En defensa de Madrid”, aunque se cuela sin querer en él un resquicio de la actual situación madrileña de melancolía. Propongo libritos muy baratos, cuadernillos, recopiladores de los grandes autores que nombra en su artículo Elvira, relatando los paseos memorables por nuestro Madrid.

¿Por qué no soñar también con algún vehículo extravagante que invente alguno o algunos de los miles de emprededores que tenemos en nuestra parrilla de salida, que recorriese a unos cuantos metros del suelo el larguísimo y bellísimo Paseo de La Castellana?

Y ya saben ustedes que, aunque suene a topicazo, de Madrid al cielo.

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Ayer viajé por la mañana. Día frío, de brillante sol, verdes vivísimos en el campo. Mientras conducía por una impecable autopista del norte marroquí, en unos segundos muy largos, me quedé impresionada con la vista que tenía a mi izquierda: era exactamente la misma imagen que el fondo de mi escritorio en la pantalla de mi pc.

Felicidad Escritorio de Windows Xp

A este paisaje excepcional, montañas muy bajas y onduladas, aquí lo llaman dunas. Fue una sensación de plenitud, de experimentar en real, la dulce vista con que mis ojos se complacen siempre, cuando trabajo en el ordenador. Hace tiempo que la tengo. No me gusta cambiarla. Me produce calma. La busco ahora, para añadirla a estas líneas con el fin de compartir el inmenso placer de mis ojos. Refleja mi bienestar interior, mi yo profundo apaciguado conmigo y con el mundo. Descubro que algún sensible programador hace años tituló precisamente la imagen como felicidad.

Son momentos imborrables, coincidencias con las que la vida te regala a veces, que alimentan mi cerebro y mi corazón de dulces pensamientos y sentires.

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Por el semanario local jaqués “El Pirineo Aragonés” conozco estos dos buenos artículos publicados en el periódico francés Le Monde el 30 de septiembre de 2010. Autor, J.-L. Ar.

El primero describe brevemente la ciudad de Jaca, para adentrarse en el románico de su Catedral y del museo de pintura románica: “…Ce musée, aménagé tout autour de l’ancien cloître, renferme l’une des plus belles collections de peintures murales romanes au monde…”. Recorre el camino a San Juan de la Peña para explayarse en el Monasterio Viejo, nombrando antes el pueblo de Santa Cruz de la Serós con su bella Iglesia y la maravillosa ermita de San Caprasio.

Las guías del Museo de pintura de Jaca y el excelente guía de San Juan de la Peñan José Luis Solano, sirven al autor de fuentes de primera mano sobre la zona visitada.

A Jaca l’art roman reconnaissant

El segúndo artículo está dedicado a un gran cura rural conocido en toda la comarca, mosén Benito. Vaya desde aquí mi enhorabuena por su gran salto a la prensa internacional.

L’abbé Benito, curé de campagne et restaurateur de chapelles

Escojo tres fotografías excelentes para acompañar estos artículos: La Catedral de Jaca y San Juan de la Peña de la imponente web sobre románico aragonés de Antonio García  Omedes.

La tercera fotografía, maravillosa, de la ermita de San Caprasio, del blog mis viajes: desde Zaragoza a la luna

 

 

 

 

 

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rompeolas

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