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Era una plácida tarde de confinamiento. Daba el sol como nunca en su terraza, su balcón. El sol exigía absorberlo presto para captar un buen depósito de vitamina D. Se acurrucó en una esquina cómoda previendo galbana y ensueño. Se propuso sin embargo terminar su mediada novela premiada con el último Nadal. Las hojas corrían contentas y entraba ya en la parte más dulce del libro. La mirada y la mente abandonaban el Nadal y se iban por momentos al inmenso cielo y al arbolado con flor incipiente. Cuando no se podía volar, pensó que sí podría hacerlo un avión de papel y una paloma. Los cielos siempre con un tráfico desbordado, pintaban ahora tranquilos, serenos, extraordinarios. Lanzó sin dudar un avioncito de papel hecho al momento con una dina3 y una paloma disfrutando en el árbol de enfrente envidió la marcha ágil de aquel papel inteligente y allá que fue a acompañarlo.

Sabía que el destino del vuelo esta vez no sería el Sur; sería el Norte. Necesitaba llegar a Ginebra, ciudad de su juventud y pararía en cuatro puntos a descansar. Quería saltar de campanario en campanario, sentir las ciudades de cerca en pleno vuelo. No había aviones, ni helicópteros ni drones.

Las rigurosas normas de vuelo comerciales se habían reducido, primando los vuelos de Estado con personas buscando sus países de origen. El mundo estaba revuelto. Pero la calma en los cielos invitaba a visitar campanarios por el camino.

La paloma enseguida se sintió con necesidad de proteger en vuelo al avioncito de papel y se erguía señorona. El avioncito sonreía por dentro y le dejaba a ella presumir. El viaje organizado era original y divertido. No seguían normas GA de aviación general, ni cosas parecidas. Llegaron a Zaragoza. Visitaron la Basílica del Pilar, sus cuatro torres, volaron dando hermosas vueltas  dominándolo todo. Se maravillaron con su espejo en el río Ebro. Decidieron dormir en Jaca, visitarían el campanario de la Catedral de San Pedro al amanecer. Les dio tiempo a escuchar el toque de la oración de la mañana y sentir desperezarse la ciudad, silenciosa, quieta, memorable. Emprendieron camino a Francia, pasando por la majestuosa Estación Internacional de tren de Canfranc. Su soledad turbaba. Llegarían a Albi, para contemplar la Catedral de Santa Cecilia y su impresionante torre cuasi fortaleza. El avioncito y la paloma empezaban a notar síntomas de cansancio, pero el objetivo estaba más cerca. Descansarían en Albi, disfrutando y jugando con piruetas chulescas en el cielo. Llegó el día y luchando contra el viento a ratos o dejándose mecer entre las nubes, llegarían a ese punto añorado. Dudaban si haber puesto como destino Estrasburgo, necesitaban conocer ciudades con historia. Pero finalmente eligieron la ciudad del lago, Ginebra, que les cautivaría para siempre. Por supuesto visitaron el delicioso campanario de la Catedral de San Pedro, de rito protestante.

Un aplauso acostumbrado interrumpió su viaje embelesado por los cielos, sacándola de sus ensueños. Llegaba desde el final de la calle mezclado con el Himno Español, acallado en su zona por el himno Resistiré que un vecino hacía sonar todos los días. Los balcones, esos palcos del gran teatro madrileño donde se representaba una tragedia interminable. Esperaría más tarde, algún atardecer o al alba el regreso de su avioncito de papel y su paloma acompañante. El viaje saltando de campanario en campanario habría terminado.

El artículo angustioso España libra 17 batallas dispares contra el Coronavirus me ha inspirado este post.

Estamos para salvar vidas. El conflicto es conocido, la guerra contra el Coronavirus. Frentes hay muchos, los principales, los cientos de hospitales españoles, y las morgues, y las residencias de mayores. Los hospitales en un importante porcentaje se encuentran saturados. ¿Y los no saturados? ¿Y el intercambio de material, de personal, la transferencia de enfermos? De Norte a Sur, de Este a Oeste ¿No hay nadie en este país que pueda poner HOY orden en esta falta de horizonte inmediato, de eficacia? Lo ha indicado el  Presidente de Médicos Sin Fronteras, “es preciso crear un comité de crisis con un solo mando”. No hay que asustarse. No esperemos a mañana, nuestros militares tienen la capacidad para ello. Se necesitan en este dramático momento, dejémosles dirigir. Les he oído estos días: “…estamos para acudir a donde se nos necesite…” Se les necesita en el Comité de Crisis de mando único. Es su trabajo, estar en el frente. Olvidémonos del estado de las Autonomías, es para el tiempo de paz. Urge, no hay tiempo que perder.

Dedico a mi hija Teresa y a Víctor hijo de mi amiga Carmen, que luchan en sus hospitales en Madrid cuerpo a cuerpo con el virus

Ya dejé dicho en alguna anterior entrada mi gusto por la fotografía. Ésta que les traigo hoy la encontré en unos enormes almacenes con mucho encanto, comprando viejuras. No la tuve que mirar dos veces. A la primera la introduje en un destartalado cesto junto con tacitas de café, cuatro platos de cerámica coloreada verde fuerte y amarillo suave, de tamaño raro ni de postre ni de segundo,  unas copas de cerveza de bar con marca estampada y otras copitas majísimas, del tamaño exagerando de un dedal, para tomar algún licor de graduación excesiva.

fotografia antigua fiesta boda 1

Fotografía de una boda antigua

Compré las piezas de vajilla para estrenarlas en un futuro hogar montañés, pero miren ustedes por donde, han acabado por ser incorporadas a un enano apartamento inesperado capitalino. Siempre pienso que uno se lanza a comprar objetos de ocasión con objetivos determinados, y luego el tiempo desvía su destino por el camino.

De la fotografía supe desde que la descubrí, que además de disfrutarla y observarla con gran detenimiento, admirando el conjunto y  acariciando con sonrisas los detalles de cada uno de sus personajes, intentaría sacar cuatro cuartos  con ella en alguno de esos portales para venta de objetos de segunda, tercera o cuarta mano. Si no la coloco a buen precio, preferiré seguir con ella en mi poder, concediéndole en un oportuno rincón el valor de un gran hallazgo. Sé que cuando entren en casa mis conocidos me preguntarán: ¿y quien son los de esta boda tan pintoresca y tan maja? ¡Pero cómo la familia protagonista pudo desprenderse de ella!

La fotografía viene montada en un marco marrón sencillo, con muy buena sujeción de madera en parte posterior que no me atrevo a desmontar. Como se hacía en ocasiones, pudiera venir por detrás una preciosa leyenda que dijera los nombres de los novios, la fecha y el pueblo donde se hizo. Quedará para algún futuro dueño descubrirlo, si es que logro la reventa, y su curiosidad le pudiera más que cualquier cosa. No quiero dejar de detallar el paspartú: ajado lo justo por el tiempo, realza a la perfección la fenomenal fotografía.

He contado y recontado varias veces el número de invitados a la boda: rondan los 65, más la pareja de novios, pero dejo al buen ojeador para que me lo confirme. Solo uno de los invitados, adivino una señora, se ve borrosa en parte superior derecha, fila dos desde arriba,  tercera contando hacia la izquierda. Entre todos solo hay una dama con gafas, increíble, les dejo que la encuentren. Adivino una señora verdaderamente anciana, quizás la abuela del novio y al lado también los padres, en fila primera parte izquierda,  y algún señor de edad en la altura, pasados los sesenta. La mayoría, rondan las edades de los novios. Tampoco podían faltar un bebé con su madre en primera fila ¡mirando al fotógrafo!; una niña, la del chal blanco en extremo inferior derecha, un niñito a su lado y en la zona superior izquierda un pequeño galán luciendo su primera  corbatita.

Muchos caballeros lucen frescas flores en los ojales. La mayoría se ataviaron para la fiesta con corbata y hubo algunos invitados originales que se atrevieron con sus mejores pajaritas. Observo enorme condensación de bigotes; sin ir más lejos, toda la fila izquierda de abajo a arriba. Echo en falta alguna barba.

Pocos sonreían francamente; pusieron casi todos adecuadísimas poses para la posteridad. Pudiera ser el inicio de la primavera porque se observan muy pocos abrigos. Aunque bien pensado, si hubiera hecho frío, fotografiarse con abrigo pega poco. Alguna dama se lanzó a la manga corta, después de haber requetepensado qué se pondría ese día.

Pásmense: creo adivinar dos señores misteriosos tocando el acordeón en el ventanal superior. Si no fue así da igual. La fotografía silenció claro el sonido, pero yo lo escucho inigualable dando el festivo tono que la ocasión requería. Observen el detalle delicioso de hojas de pino con flores blancas como ornamento medio colgando de ese ventanote.

Y qué decir del novio con sus guantes blancos. Y la hermosa cola del traje de la novia. Ellos inmortalizaron el momento con semiseriedad y con un secreto guiño a la cámara de su inmensa felicidad recién sellada. Porque yo me supongo que la fotografía se hizo una vez ya casados. ¿O ustedes que piensan? Imposible un encuadre mejor para tan inolvidable instante: austero, dignísimo, impecable.

Pie de la fotografía: Photo Albert. Dax. Fecha y lugar desconocidos.

pd: es la foto tan estupenda que invito a los lectores a continuar  con sabrosas descripciones. La mía, me sabe a poco.

NOTA: desde un pc no se maximiza la fotografía, pero sí desde un móvil. Misterios del tratamiento de las imágenes pesadas y esas zarandajas.

fotografía antigua fiesta boda con marco

Fotografía boda antigua con marco.

 

vajilla de segunda mano

Vajilla y copas de segunda mano

Me gustaría que fuese temprano, con un tiempo suave y luz mediterránea o atlántica.  O la hora de una puesta de sol no cursi. Me sentaría en una terracita frente al mar inmenso con picachos al fondo. No haría nada y reflexionaría serenamente en lo vivido.

¡Qué descanso! ¡Ya no tendría ninguna tarea pendiente! Ya no sonaría más el móvil para despertarme a las seis horas y levantarme seis minutos más tarde, en jornada laboral. Me parecería increíble no tener que hacer ningún cuadro de Excel, a pesar de lo que me chiflan. Disfrutaría pensando que ya había hecho esencialmente lo que tenía que hacer: ser feliz en mi infancia, enamorarme varias veces, sufrir de ansiedad durante años ya por fin calmada, cuidar a un padre, construir una familia hasta que duró y educar lo mejor que una pudo a los hijos. Entregarme a la profesión que me permitió comer, vestirme y vestir a los míos, guarecerme, viajar y curiosear todo en la vida. En alguna etapa de mis edades, dedicar tiempo a una pequeña conspiración social. Todas mis deudas, saldadas.

Me complacería pensando en que intenté ser buena gente con los de mi entorno, aunque no siempre llovió a gusto de todos. Escucharía el viento del instante, sentiría la luz perfecta de la hora final. Escribiría mi último email de dos palabras de despedida muy sentidas a mis tantos seres queridos,  lleno de buenos deseos: trabajad con placer, sed generosos, sed amables, disfrutad lo máximo posible de la vida.

P.d.: el título de la entrada no es mío. He querido responder a la pregunta que propone como curioso experimento Roger-Pol Droit, en uno de sus libros. He tenido conocimiento de él por una entrevista en El País de 15/02/2015.

Estamos con los franceses

Contra la barbarie, por la libertad de expresión,

hoy estamos con los franceses

Mireille Mathieu, La Marsellesa

En tren como antaño

Arrastro la vista
Embebida por el paisaje
Tras la sucia ventana
De un tren envejecido

Hora crepuscular

Verde ya la tierra de enero
El cielo azul anaranjado

Me turba el ensombrecido perfil
De un quitamiedos cercano

Luces pobres anuncian la noche
De un desconocido pueblo

Charcos con misterioso efecto
De nocturno espejo
Traen a la memoria
insufribles tormentas de hace nada

El humo de una hoguera
Se mezcla extrañado
Con la niebla baja

Atropellada gente en las paradas
Lucha identificando el próximo tren
Que va y viene,
Huyendo de un contrario destino incierto

Caído el telón de la noche
Duermo al son del metálico
Run run de las infatigables ruedas

Enfrente la rara mirada
De un dominguero vecino
De común trayecto

El Ksar-El Kebir – Casablanca
Atardecer,  4/01/2015

Cuando se recibe por whatsapp unas fotografías irreales, sobre un hecho asombroso que sucede en los mismos instantes de recibir las imágenes, una hazaña irrepetible, la excepcionalidad andante, solo puede sentirse un sobrecogedor escalofrío.

El funambulista Nick Wallenda sigue los pasos de su tatarabuelo muerto en el ejercicio de la misma función que él. El amante del máximo riesgo, el apasionado de la temeridad, cruzaba el oscuro firmamento de Chicago, iluminado por miles de ínfimas ventanas nocturnas de majestuosos edificios que permanecieron sin habla.

Solo queda compartir y dar el nombre del autor de las dos exquisitas fotografías saboreadas una madrugada de noviembre de 2014.  Enrique Valdés Lacasa estaba allí para contemplar, aprehender con su móvil y enviar en cuestión de nanosegundos, el inmenso esplendor regalado por un intrépido y arrojado funambulista al mundo entero. Absoluta hermosura de un insuperable acontecimiento-aventura.

 

Chicago noche, 2 de noviembre de 2014. Funambulista Nik Wallenda

Chicago noche, 2 de noviembre de 2014. Funambulista Nick Wallenda. Instántanea 1

 

02 Chicago Funambulista 2 11 2014 Enrique Valdes Lacasa cr

Chicago noche, 2 de noviembre de 2014. Funambulista Nick Wallenda. Instantánea 2