Disfruto a rabiar recorriendo plácidamente, unas veces sola, otras con amistades, la carretera de Tetuán a Ceuta. 40 kilómetros de los que unos 15 van bordeando el mar. En mi pen drive conectado a la radio del coche, suenan memorables canciones de Leonard Cohen.
En dirección Marruecos - España, se atraviesan fenomenales planicies onduladas de colores verdes, inigualables esta primavera. La carretera es una suave serpentina gris, con gran empedrado azul y blanco en el centro, separador de los dos sentidos con dobles vías. Cabo Negro, núcleo urbanístico inacabado entre montaña y mar, se descubre pronto a la derecha En algunos tramos después, luce jardinería maravillosa, tristemente mimada por arrastradas cabileñas.
Se atraviesan varios pueblos tranquilamente. La marcha, a velocidades de 30, 60 y máximo 90 kms. por hora. A lo largo del camino te encuentras personas solitarias andando con rumbo incierto, cruzando impasibles y corriendo desconocidos peligros. Disfrutas de repente en alguna orilla de grupos de ovejas o de cabras. Hasta de alguna vaca. Siempre se cruza uno con varios mulos cargados de variopintos géneros y se divisa muy lejos un turístico camello. Llegando a uno de los numerosos rond point de la autovía, a la entrada de la ciudad de Rincón, se descubre majestuosa la costa mediterránea. Varios paseos marítimos se recorren a lo largo de la costa muy nuevos y extensísimos. Caminan por ellos grupos no numerosos de personas en época de bajo calor y juegan los críos al fútbol en la playa. Bastantes urbanizaciones permanecen paralizadas por la crisis, vistiendo muros a medio construir; escaleras, terrazas, ventanas sin terminar.
Es un recorrido con final fronterizo trágico, triste: El Tarajal. El resto, es una mezcla asombrosa, explosiva, de pobreza y decadencia, señorío y modernidad. Si los tramos de carreteras se calificasen, yo le pondría a éste de Ceuta-Tetuán las tres estrellas de Michelín.
Lo dejo por hoy. Otro día podría escribir sobre Ceuta. Está preciosa. Y en otro momento, sobre las pobres matuteras.

Paz, gracias por compartir este pequeño e intenso viaje .
Me he sentido como si viajase en el asiento del copiloto, contigo .
No sé cuánto tardaré en ir por esas latitudes pero lo que sí sé es que lo haré por segunda vez : la primera habrá sido a través de tus relatos y emociones.