Crisis
Estaba, como todos, muy embebida en el asunto de la Crisis: la palabra se está ganando una merecida mayúscula. Sin embargo, el titular de la prensa de hoy sobre la oferta de prejubilaciones de Telefónica, me eriza el pelo. Comparemos de modo simple las jubilaciones del sector público y del sector privado.
El estatus de empleado público es muy envidiado en ocasiones. Son tan manidas las eternas comparaciones entre las ventajas e inconvenientes de un trabajo en empresa privada o un empleo en las diversas administraciones, estatal, autonómica o local, que la cuestión cansa.
Hace muchos años, algunos de mis compañeros del último curso de Bachillerato, continuaron su formación superior como militares de carrera. Pues bien, con la modernización de los ejércitos, sobraron muchos, muchísimos profesionales de las fuerzas armadas españolas. Fueron agraciados con ofertas fenomenales de retiradas suaves hacia sus hogares. Se aceptaba con sana envidia y gustaba verlos disfrutar de las ventajas que les ofrecían las circunstancias personales y el devenir colectivo de nuestro país.
Más tarde llegaron las prejubilaciones en el sector de la informática, a modo de ejemplo la empresa IBM, en múltiples entidades bancarias y también en Telefónica. Se ponía la boca agua con las variadísimas formalidades de adaptación de sus nóminas, durante largos años hasta el cumplimiento de sus 65 años, la más típica edad de jubilación en España. Pero ¿se publica el costo de dinero público que cada prejubilación de 55 años, 52 años o menos, supone para el erario público? Me pondré a estudiarlo.
Lo que tampoco se conoce demasiado bien son las jubilaciones de un gran porcentaje de empleados públicos. Si uno de ellos pretende jubilarse a los 65 años, su sueldo queda reducido a dos tercios o menos del que tuviera en su vida activa, calculado a lo bruto y sin dar por cierta al cien por cien la cifra apuntada. ¿Qué camino se adopta? Alargar las jubilaciones hasta los 70 años, voluntariamente. Nada, nada, los empleados públicos se encuentran hechos unos chavales, aparentan a sus 65, tener 60 años o menos. Son deportistas, comen tasadamente, no hacen excesos y además es mucho más distraído estar en la oficina que tan aburrido y desplazado en el hogar.
Sinceramente, algo no está funcionando en nuestra organización de la Seguridad Social, ni en la gestión de pensiones, ni en el sistema de Muface, Mutua de Funcionarios Civiles del Estado. Entre los 48 años que hoy se apuntan para Prejúbilo y los 70 años de Júbilo, ¿quienes son los beneficiados? Me temo que, en muchos casos, las arcas de las empresas privadas, a costa de caer en picado los maltrechos fondos públicos. ¿Tendremos que felicitar a los agraciados? Me los imagino realizando las mil y una tareas de entretenimiento, junto a otras para incremento de su base económica de sustento. Si como colofón, recordamos la propuesta de las 65 horas semanales de trabajo propuesta, puede concluirse que se está perdiendo el norte. Lean la sabrosa y detallada noticia sobre el prejúbilo de los maduros que no cumplen sus 50.
Telefónica ofrece la prejubilación a los 48 años para reducir plantilla en España
Sugiero que en el estudio de coste para el erario público que pueden significar las prejubilaciones, incluya las ventajas que obtienen los sindicatos por suscribir los expedientes de regulación de empleo que amparan esas prejubilaciones. ¿Habrá que pensar que los sindicatos no se preocupan por los fondos públicos y sí por los beneficios de las empresas?
No sé quien obtiene mayores beneficios: los sindicatos, el empleado afectado, las empresas o las arcas públicas. Creo que los sindicatos son instituciones necesarias para el funcionamiento de las democracias, pero su anquilosamiento es considerable. Nacen para la defensa auténtica del trabajador y derivan, en determinadas situaciones, en meros transmisores o mantenedores del tinglado económico existente. Insisto en que la edad de 48 años para la prejubilación la considero un disparate. ¿Es que ese personal ya no es válido en Telefónica para ninguna otra actividad productiva? Curiosamente la noticia enlazada hace referencia a un sindicato, USO, que critica este tipo de prejubilaciones. ¿Es precisamente el sindicato que menos tiene que perder? ¿Son los utópicos actuales?
No hay que olvidar que Telefónica fue un monopolio durante muchos años. Era un cuasi ministerio y sus empleados cuasi funcionarios. Con la llegada de la competencia es normal que hubiese que sanear los excesos cometidos. Está pasando en todos los exmonopolios europeos. En la banca sucedió algo parecido.
Si en la actividad de los empleados públicos se introdujese la competencia (bastaría con la adopción de criterios transparentes de eficiencia productiva) se reducírían drásticamente las plantillas de los Ministerios y Administraciones Autonómicas. El problema es que en ese caso el saneamiento sería, en su totalidad, con cargo al erario público. ¿No lo intentó el Ministro Jordi Sevilla?
El tema del ejército es de otro talante. ¡Ojalá no hubiese ejércitos! Al menos, que sean lo más reducidos posible. Y en España sobraban muchos militares.
Parece que está bastante de acuerdo con las prejubilaciones a edades tan inferiores a los 65. Yo no, francamente. Conozco a estupendos ingenieros y empleados de banca que han ido a la calle mucho antes de lo debido. ¿Qué hacer con ellos? Reinventemos el futuro, pero no derrochando responsables y eficaces empleados con buenos conocimientos, con madurez laboral y sobrada valía demostrada. Por ejemplo la gran salida en masa actual de trabajadores de la Televisión Pública española. Tampoco estoy de acuerdo.
¿Transparencia en las administraciones públicas, competencia, eficiencia? Apliquemos todas las mejoras posibles, pero no eche a la calle a nadie, excepción hecha de a los incumplidores demostrados.
Redistribuyamos al personal entre Ministerios con buenos incentivos. Sin ir más lejos, por ejemplo: trasládese a un gran grupo de funcionarios a gestionar con modernidad el Ministerio de Justicia. Dótesele de medios económicos suficientes. Este Ministerio, y todas las dependencias judiciales existentes en el país, se encuentran necesitadísimos de levantar muchas alfombras, agilizarse en sus sistemas de trabajo, acabar con siglos de costumbres de farragosos métodos y procedimientos. Y vaya en su favor que siempre me atienden muy bien en sus despachos. Sin embargo, la extrema lentitud de los procesos judiciales habrá que abordarla en profundidad alguna vez. Poner manos a la obra con urgencia a un grupo de expertos en esta materia, a los mejores, logrando poner en marcha yo diría que la imprescindible renovación de la justicia española.
¿Cuántos de los candidatos a la prejubilación preferirían cambiar de “Ministerio”? Apostaría a que la mayoría no se mostrarían muy favorables al cambio. Quizá lo que desearían es irse a su casa con la “recompensa” que ofrecen las privadas. Es la impresión que percibí en su entrada original.
Comparto su valoración sobre la justicia española, aunque otras actividades de la administración también necesitarían limpiar debajo de las alfombras.
Lo de RTVE: otro ejemplo de excesos de la etapa del monopolio. La fórmula menos injusta para racionalizar plantillas es la edad: no interviene el amiguismo.
Una cosa son los deseos individuales de los trabajadores, ganar cuanto más mejor y trabajar lo menos posible, y otra, lo que los gobiernos deben regular con una visión social, económica, presupuestaria global. En principio, que te paguen “una ajustada prejubilación” y además sin ir al trabajo, parece tentador para casi todos. Insito, las regulaciones de empleo por edad me parecen un desprecio a la madurez. Sabiendo además que la entrada de la gente joven, en muchas empresas privadas, se produce con contratación en condiciones muy regulares, becados o por largos periodos que llaman de formación. Que salga el personal de sueldos consolidados y que entren los jóvenes, todos universitarios y todos aprendices.
Pero por qué hablar de reducir puestos de trabajo. Discurramos modos de generar empleo y para la máxima población posible: pensemos lo ideal, soñemos lo imposible. Es gratis.
Me quedaré con dos reflexiones: una, suya, Paz ( ” se está perdiendo el norte”) y la última frase de Gabardito ( ” La fórmula menos injusta para racionalizar plantillas es la edad: no interviene el amiguismo.”)
Conozco muy superficialmente la situación de los funcionarios y la de los trabajadores de empresas privadas por pertenecer a una tercera clase de trabajadores, los que, por puro idealismo, se lanzaron, en los albores de la democracia, a la muy arriesgada y muy criticada (entonces) aventura del cooperativismo. Puedo incluso presumir de pertenecer a la primera cooperativa de enseñanza de España. Esto significó, en su momento, querer impulsar unos valores, creer en unos ideales y olvidarse de cualquier lucro. ¡ Juventud, divino tesoro … tan lejana de la “pre” o de la jubilación! ¡Renunciamos a tantas cosas para luchar por este mundo que iba a ser mejor! Nos movían unas ideas muy sinceras ( se lo aseguro) pero reconozco (con el tiempo) que hacíamos prueba de una gran ingenuidad.
Los años han pasado; Teñida durante muchos años de leyenda negra, nuestra cooperativa goza ahora del respeto incluso de la “buena” sociedad y es punto de referencia para otras cooperativas. Los jóvenes, que se han ido incorporando o nos van sustituyendo, disfrutan de los frutos de nuestras “batallitas” del pasado (como dicen con ironía y sin cortarse). Mientras, la “pandilla” de idealistas se va jubilando a los 65 años ( ¡ por supuesto!) y, como “premio”, a la hora de descansar, la mayoría se encuentra con que les faltan unos “añitos” para cobrar la jubilación que les “tocaría” percibir ( sería muy largo explicar el porqué pero se podría resumir “por el amor al arte o, mejor dicho, a la enseñanza”). Así que comprenderá que el tema de las prejubilaciones a los 48 años me suena a música celestial.
Sin embargo, si los temas económicos no son mi “fuerte”, en cambio, no me cuesta nada tener empatía con cualquier trabajador invitado a prejubilarse “voluntariamente”. Ignoro la cuantía de las “suculentas” indemnizaciones que se ofrecen, en las empresas privadas, para compensar, ni me interesa conocerlas ( mejor para quien las pueda disfrutar) pero sí conozco a ingenieros muy valiosos que se han visto forzados a aceptar esta situación. Y lo encuentro injusto. También sé de funcionarios de la enseñanza encantados a la hora de prejubilarse. Y me alegro por ellos.
No conviene mezclar el tema económico con el humano. Lo siento pero no me impresionan los números. En cambio, imagino toda la gama de sentimientos y de sufrimientos que pueden apoderarse de cualquier buen profesional si, por cuestión de reajustes de empresa, se le invita a ponerse de vacaciones forzosas. Frente a la gente trabajadora de su edad, ¿ cuál es su papel? ¿ Y en el marco de su familia? ¿ Se ha estudiado el porcentaje de depresiones entre este grupo de la sociedad?
No todo se tiene que reducir a una cuestión de dinero ni a valorar quién está mejor parado que otro; ni donde hay mayores ventajas: empresa privada o función pública. Hablamos de personas en la mejor época de su trayectoria profesional, en su joven madurez, gente ( la mayoría) con experiencia y ganas de ponerla a provecho.
¡ Claro que peor está la situación de la gente despedida! Sin lugar a duda; pero es otro tema.
Si me permiten, esquematizaré la cuestión:
1) Prejubilación ofrecida por el patrón y aceptada a la fuerza, sin agrado, por el trabajador de 48 años. Deberían ser evitables al máximo, por sus acertados comentarios Francesca sobre la valía de estos profesionales, que yo también apuntaba.
2) Prejubilación ofrecida por el patrón y aceptada con agrado, por el trabajador de 48 años. Con sana envidia, les veremos disfrutarla, pero para mi es criticable.
Ambas, tienen un coste: si son empleados de empresa privada, parte correrá por la empresa y parte por la Seguridad Social, según aportaciones del trabajador y pactos que existan para reducciones de plantilla, etc.
Pues bien, ese coste que se obtiene de fondos estatales para “incentivar”, mejorar situaciones de empresas, en definitiva, repitíendome: ¿no son algunos casos discriminiatorios para otros muchísimos trabajadores, que se ven obligados a cumplir hasta con 70 años en la función pública? (me remito al sector que conozco).
El asunto es complejo, pero lo que se “vive” en la calle es esta idea: distribuciones y cálculos de pensiones no bien estudiados, e incluso que provocan desigualdades muy notorias de tratamiento, entre los diversos grupos de empleados, con muchos años de trabajo a sus espaldas. Se trata el problema ya de especialistas en este vericueto en el que me introduzco: Ahí queda.
Sus vivencias de idealista, Francesca, las admiro, y a usted no se las quita nadie. A pesar del coste económico que ha podido llegar a sentir, no creo que se arrepienta de nada.
Están muy bien sus abundantes comentarios, Francesca y Gabardito. Un abrazo, Paz
La verdad es que tiene razón, Paz: no me arrepiento de nada y esta cooperativa ha sido como una segunda “familia”. Ahora, sin embargo, son otros tiempos; “ronronea” la cooperativa y desgraciadamente no se respira el mismo aire de generosidad. Nos gustaría (a los de las “batallitas”) que se nos entendiera un poco mejor, sólo que se nos escuchara un poquito; pero ya se sabe, como en las familias, los hijos no suelen aceptar las sugerencias de los padres y, como nosotros, tienen todo el derecho de equivocarse para encontrar su camino. Así que, cuando nos jubilemos, espero que los buenos recuerdos sirvan para compensar algunos disgustillos económicos.
Aprendo muchísimo con sus aportaciones y los comentarios de Gabardito. Es un excelente ejercicio de poder reflexionar sobre estos temas que propone y tener otros puntos de vista, pretextos para nuevas reflexiones.
Muchas gracias a los dos.
1. Los que somos menos jóvenes fuimos educados para ser funcionarios o trabajar en una empresa con “posición dominante” en el mercado (sean Bancos, Telefónica, Repsol, El Corte Inglés, etc) de manera que pudiésemos sentirnos seguros para el resto de nuestros días.
2. Cuando la realidad nos enfrenta a la evidencia de que no hay trabajo seguro y que se mueve el suelo en el que pisamos, nos sentimos superados. No sabemos sobrevivir. No somos capaces de enfrentarnos a la posibilidad de una nueva actividad. No sabemos vender nuestras capacidades, o, quizá, no creemos en ellas.
3 La edad no es garantía de conocimiento, al menos del que se pide en la estos tiempos que nos toca vivir. Nadie es indispensable ni insustituible.
4. La edad, en muchas ocasiones, es sinónimo de desmotivación y de experiencia en conocer todos los trucos legales para trabajar lo menos posible.
5. En todas las empresas que apostaron por las prejubilaciones a edades tempranas, no parece que se haya deteriorado su capacidad productiva ni su nivel de conocimiento: quizá los prejubilados no eran tan determinantes.
6. Las nuevas generaciones tienen asumido que no hay trabajo seguro ni eterno. Saben sobrevivir con la amenaza del cese de su contrato laboral. Saben que además del funcionariado o del trabajo en las “grandes” empresas, hay otras oportunidades que pueden ofrecer satisfacciones muy gratificantes.
7. Las nuevas generaciones saben vender sus capacidades y creen que la vida no termina en ese limitado número de oportunidades laborales. Además, saben que las nuevas tecnologías abren expectativas que están todavía por desarrollar y que pueden ofrecer interesantes rendimientos (que pueden ser volátiles, pero enriquecedores como emprendedores).
8. Las prejubilaciones no surgen de manera espontánea. Son procesos anunciados (casi todos originados por situaciones monopolísticas o de posición MUY dominante) cuando llega la competencia que tanto apreciamos los ciudadanos.
9. La edad de prejubilación viene marcada por la pirámide de la población trabajadora. Cuanto más jóvenes hay, más se reduce el límite de edad.
10. Pero…los ejecutivos…los hacedores de las prejubilaciones…los pensantes…esos no entran nunca en el proceso. Quizá piensen que son los que mantienen esa madurez y experiencia que se supone se desperdicia con los que se van…
11. Me parece muy bien que exista la posibilidad de dejar / cambiar el trabajo con una indemnización estimulante que permita elegir entre seguir en otra actividad o convertirse en clase pasiva: cada uno elige libremente.
12. Reconozco que los funcionarios no disponen de esa oportunidad. Complicada solución. Si la hubiese, estoy seguro de que se aplicaría generosamente: se necesita un cambio radical en mentalidades, conocimientos, actitudes…y en edad.
Pacto Mº de Trabajo, Telefónica, Sindicatos, sobre las prejubilaciones
http://www.elpais.com/articulo/economia/Trabajo/pacta/Telefonica/polemico/ERE/Moviles/elpepieco/20081118elpepieco_9/Tes
Parece que salen ganando todos. ¿La grandeza de la democracia? O más bien había que salir por alguna parte del atolladero. Exitosa negociación política y económica. Las historias personales de los afectados me interesan mucho. Dudo que alguno caiga por estos lares para contarnos su experiencia. Enhorabuena a los que acojan con gozo las pre – jubilaciones y suerte al resto.
Retomando la reflexión:
http://www.elpais.com/articulo/servicios/Viejos/trabajar/jovenes/retirarse/elpepueconeg/20081214elpnegser_1/Tes