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Archivar como 30 octubre 2008

Y Garzón. Me permito disentir de su labor emprendida. Especialmente con los modos de abordar la cuestión. Es elemental y repetitivo, tristemente hasta la saciedad, que muertos inocentes hubo en los dos bandos en nuestra dramática guerra civil. La transición con Suárez a la cabeza y todos los líderes de las diferentes corrientes políticas de aquel momento, resolvieron correctamente el “miremos hacia adelante”. La izquierda y la derecha. Podría resumirse que todos sin excepción se unieron en aquel soberbio póster del gran abrazo de Juan Genovés: la multitud de espaldas y al encuentro presidiría por entonces las paredes de tantísimas estancias privadas y públicas de nuestro país.

Por supuesto que deben aparecer los muertos ignorados, no enterrados. No asusta a nadie. A toda muerte inocente se le debe el mismo respeto: un cuerpo, una digna tumba o el fondo de un mar o de los ríos, el pico de una montaña o el descanso a la sombra de un árbol. En mi entorno cercano hubo dos muertos, uno de cada bando: se aceptaron como lo que eran, tragedias del hombre luchando sin compasión ni sentido, perdido el norte de la razón.

¿Les parece adecuada la pasada proliferación de esquelas recordatorias de nuestros muertos? Triste. Prefiero el abrazo de nuevo. ¿Una segunda transición para airear la barbarie de entonces o para reiterar la comprensión entre todos, sin excepción? Es preciso volver a recordar reflexiones como el perdón, la reconciliación y el mantenimiento vivo de la memoria de todos nuestros muertos, para que nunca más vuelva a suceder.

REMANSOS

CIPRÉS

Ciprés. (Agua estancada.)

Chopo. (Agua cristalina.)

Mimbre. (Agua profunda.)

Corazón. (Agua de pupila.)

Federico García Lorca

Leer poesía de Federico García Lorca

Amnistía. El abrazo. Juan Genovés

Entrevista a Juan Genovés, con motivo

de la colocación de su escultura El abrazo, en Madrid

Opiniones:

Blog de Joaquín Leguina

Blog de Juan Cruz

García Lorca es de todos los muertos. El País, 19/09/2008

Encuentro con el presidente de la Asociación

para la Recuperación de la Memoria Histórica. El Mundo, 29/10/2008

Entrevista a José Luis Alonso de Santos, con motivo del estreno de la obra de teatro La cena de los generales. Abc 17/10/2008

Subrayado personal: Fernando Savater. ¿El final de la cordura? El País. 03/11/2008

Antonio Elorza: Savater versus Garzón. El País. 05/11/2008

Los codiciados frutos del olvido. José Vidal-Beneyto. El País 20/12/2008


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Me gusta compartir el fabuloso ritmo de esta gran canción de J. P. Young. Me produce siempre un estado placentero de euforia y optimismo, además de un notable deseo de bailar por bailar. La música, por gentileza de nzoz1978 en www.youtube.com La letra, del enlace www.letras.mus.br 

 John Paul Young en la Wiki

  Música Love is in the air

 

Love is in the air.  John Paul Young

 

Love is in the air, everywhere I look around

Love is in the air, every sight and every sound

And I don’t know if I’m being foolish, don’t know if I’m being wise

But is something that I must believe in

And it’s there when I look in your eyes

 

Love is in the air, in the whisper of the trees

Love is in the air, in the thunder of the sea

And I don’t know if I’m just dreaming, don’t know if I feelsane

But it’s something that I must believe in

And it’s there when you call out my name

 

Love is in the air, love is in the air, oh oh

Love is in the air, in the rising of the sun

Love is in the air, when the day is nearly done

And I don’t know if you are illusion, don’t know if see it true

But you’re something that I must believe in

And you’re there when I reach out for you

 

Love is in the air, everywhere I look around

Love is in the air, every sight and every sound

And I don’t know if I’m being foolish, don’t know if I’m beingwise

But it’s something that I must believe in

And it’s there when I look in your eyes

 

Love is in the air, love is in the air, oh oh

Love is in the air, love is in the air, oh oh

Love is in the air, love is in the air, oh oh

Love is in the air, love is in the air, oh oh

 

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He tenido esta tarde y  noche el placer de acoger en mi casa a Teresa Bancewicz, autoestopista polaca, en su vuelta de Centroamérica a su país. Lleva por el mundo dos meses, con poco dinero, a su aire, descubriendo hermosos países, ciudades y a estupenda gente. Hablo en singular, porque en mi entorno íntimo, la asombrosa aparición de una desconocida en el hogar ha sido de difícil inicial aceptación.

Autstop

Yo iba en coche a las seis y media de la tarde, a dejar a una familiar a casa de unos amigos. En un stop de la carretera paralela a la nacional dos Madrid-Barcelona, en el kilómetro 8, Teresa Bancewicz, sola,  bastante mayor y con una gran mochila a su espalda, se ha acercado al coche y nos ha solicitado muy impaciente un poco de ayuda, hablando en polaco, y palabras sueltas de español,  alemán e inglés. El stop impedía arrancar egoístamente, pero también me ha obligado a una rápida decisión: un par de coches detrás del mío, presenciaban un tanto asombrados la escena. Le he permitido subirse al coche, tras el estupor de mi familiar y en el primer hueco donde hemos podido parar, hemos comenzado a resolver su petición.

Dada la imposibilidad de comunicación, contacté con una amiga polaca por el móvil y me explicó los deseos de Teresa Bancewicz, previa conversación entre ellas: Teresa buscaba simplemente un camping, o una gasolinera para dormir en su tienda y continuar rumbo a Zaragoza, Barcelona y Francia. Mi familiar me ha abandonado dejándome a mi gusto con el pequeño lío en el que andaba metida y se ha ido con sus amistades.

He intentado acercar a Teresa  Bancewicz a un camping que existe por la zona, pero entre mil obras, me he perdido. Le he vuelto a preguntar a Teresa qué prefería: si gasolinera o camping y me ha indicado que gasolinera: allí seguro que encontraría a algún camionero con dirección Zaragoza para el día siguiente. Aparcamos al fin en una gasolinera, pero tres camiones y un restaurante vacío daban poco juego para su ruta en autostop. Nos montamos en el coche de nuevo, y por encontrarme cerca de mi casa y sintiendo ya el atardecer, le he comenzado a balbucear que quizás en mi casa podría descansar, pero que la familia, sinceramente, era un pequeño handicap. Nos estábamos empezando a comprender a la perfección solo gesticulando.

Pues sí, la tenemos durmiendo en nuestro cuarto cuarto para todo, feliz, después de haber compartido algunos alimentos naturales de su mochila con mi familia y yo, y sus fotos de los asombrosos viajes por el mundo, entre otros, siete noches en el transiberiano Moscú- Vladivostok, China, Egipto, Marruecos, España… Hoy, volvía con las piernas muy cansadas de su vuelo Bogotá-Madrid, después de disfrutar dos meses en Colombia y Centroamérica. También nos ha hablado de sus sencillos montajes de marca páginas con plantas naturales, de la pintura de paisajes, de una galería familiar en su tierra y de su familia.

Hacerle comprender a Teresa Bancewicz el cambio de hora nocturno de hoy, ha sido imposible. He acabado contactando de nuevo con mi amiga polaca, que estupefacta del pequeño acontecimiento, nos agradecía la acogida de su compatriota en casa. Con franca risa ya al móvil de nuevo entre ellas, Teresa ha logrado comprender la barrabasada horaria española.

Teresa ha escrito su apellido en un papel y me ha explicado insistente que lo pusiera en la búsqueda de Google y que la encontraría muchas veces. Ella se sentía tranquila de poder darnos a conocer su cierta publicidad y de presentarse como persona de fiar, además de habernos enseñado su pasaporte varias veces y diversos carnets de empedernida viajera.

La pequeña historia que me ha sucedido esta tarde/noche, solo la creerán algunos. He acogido a Teresa Bancewicz, rememorando a mi padre, que en sus viajes Zaragoza-Huesca-Jaca de mi infancia le gustaba recoger a personas en autostop (¡qué tiempos los años sesenta y tantos y setenta!) y más de uno terminó comiendo en nuestra casa. Entonces comenzaba el cultivo de mi gusto viajero, fiel amante de nuevas costumbres, episodios, hechos, amigos y gentes.

Mañana temprano nos haremos una foto y seguiremos debatiendo Teresa y yo si dejarla de nuevo en la carretera para autostop o llevarla de modo sensato a tomar el autobús dirección a Zaragoza, Barcelona, Francia, Alemania y Polonia.

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Buen inicio para la puesta en marcha de la modernización del sistema judicial. Hoy, 25 de octubre de 2008, figura en prensa. Se le cita al susodicho como imputado en unos sucesos del pasado 2 de agosto en Guipuzcoa. Además, por si acaso, se le ha remitido aviso oficial a dos direcciones postales y a un bufete de abogados que dará recado a la Interpol, de parte del Estado español, de que se ponga a la faena de buscarlo.

 

Actualmente se solicita el correo electrónico, hasta en el más ínfimo formulario a rellenar en cualquier oficina donde se deba realizar la más diminuta gestión: pública o privada, da igual. Pero ya se sabe: con los correos electrónicos existe todavía gran inseguridad, de ahí las tres restantes citaciones. Sin embargo, el hecho de que la justicia en este país la ponga sobre el tapete como un “modelo” más de citación judicial, les aseguro que me sugiere un avance insospechado, subversivo. Me parece lo correcto, lo adecuado, lo normal, en estos tiempos de interconexión, en los que las crisis se contagian con más facilidad que la gripe, de un extremo a otro del globo.

 

Como iba diciendo, el susodicho, dejó escrito su correo electrónico en la Embajada de Dublín donde anduvo haciendo sus gestiones, como todos, como cualquier ciudadano libre, libre de toda sospecha. Me gustaría conocer el remitente literal del email, solicitando que den traslado de que le están siguiendo sus pasos. No sé si será un título de algún buzón genérico, sin nombre ni apellidos, con una palabra que defina bien la autoridad origen del correo: Justicia española, Magistrado encargado del expediente nº nnnnn/2008, Oficina Judicial xxxx… Según mi conocimiento, lo correcto sería enviar un Burofax, sistema que no sé si reconocido o no en el Boe, pero que en la práctica se trata de una válida comunicación a efectos legales de, por lo general, espinosos asuntos entre remitentes y destinatarios. Lejos de mi poner en duda el sistema utilizado por el Magistrado encargado del trámite de esta imputación. La dirección del buzón destinatario, para qué imaginarla.

 

Esta sobresaliente citación por correo electrónico, si iba acompañada de certificado digital de validez del buzón de origen, debería adaptarse desde mañana mismo, como válido sistema de avisos judiciales. Ha sentado un gran precedente, ha permitido prender sanas costumbres de aprovechamiento de la velocidad del hilo de red. Quizás hace algún tiempo que se cita de este modo, pero es mi primera noticia.

 

Materia es de gran calado el sistema de comunicación de validez legal: en muchas oficinas se producen envíos de papeles  por email, por fax, escaneados: múltiples de ellos se llegan hoy a triplicar, cuadruplicar, quintuplicar. A mucho personal le continua gustando enormemente leer las cuestiones importantes en el papel de toda la vida, con la sagrada firma manuscrita, retrasando su resolución hasta que no llega a las mesas el ansiado papel. Habrá asuntos que sí, pero otros muchos, ya no deberían necesitar el acompañamiento del adorno de la pluma a pie de página. Certificado digital del remitente y punto.

 

Estuve en una presentación sobre estos decisivos asuntos de transición acerca del uso del papel y se avistaba la posibilidad de dar por buenos los papeles escaneados: se debería para ello responsabilizar y especializar a personal encargado de dar  validez al escaneo, en el momento de la fantástica conversión a ceros y unos, de la masa táctil del DINA 4, ocupadora de interminables archivos. Si fuesen de eficacia legal los correos electrónicos y los documentos escaneados, la administración pública avanzaría siglos, de golpe, hacia el futuro.

 

Me he desviado, con y sin intención. Para el susodicho, nos reservaremos nuestro severo juicio como posible imputado, deseando el rápido éxito en la colaboración de Irlanda, España y la Interpol.

 

(Escrito para no olvidar a tantas víctimas de violencia terrorista)

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Crisis    

 

 

Estaba, como todos, muy embebida en el asunto de la Crisis: la palabra se está ganando una merecida mayúscula. Sin embargo, el titular de la prensa de hoy sobre la oferta de prejubilaciones de Telefónica, me eriza el pelo. Comparemos de modo simple las jubilaciones del sector público y del sector privado.

 

El estatus de empleado público es muy envidiado en ocasiones. Son tan manidas las eternas comparaciones entre las ventajas e inconvenientes de un trabajo en empresa privada o un empleo en las diversas administraciones, estatal, autonómica o local, que la cuestión cansa.

 

Hace muchos años, algunos de mis compañeros del último curso de Bachillerato, continuaron su formación superior como militares de carrera. Pues bien, con la modernización de los ejércitos, sobraron muchos, muchísimos profesionales de las fuerzas armadas españolas. Fueron agraciados con ofertas fenomenales de retiradas suaves hacia sus hogares. Se aceptaba con sana envidia y gustaba verlos disfrutar de las ventajas que les ofrecían las circunstancias personales y el devenir colectivo de nuestro país.

 

Más tarde llegaron las prejubilaciones en el sector de la informática, a modo de ejemplo la empresa IBM, en múltiples entidades bancarias y también en Telefónica. Se ponía la boca agua con las variadísimas formalidades de adaptación de sus nóminas, durante largos años hasta el cumplimiento de sus 65 años, la más típica edad de jubilación en España. Pero ¿se publica el costo de  dinero público que cada prejubilación de 55 años, 52 años o menos, supone para el erario público? Me pondré a estudiarlo.

 

Lo que tampoco se conoce demasiado bien son las jubilaciones de un gran porcentaje de empleados públicos. Si uno de ellos pretende jubilarse a los 65 años, su sueldo queda reducido a dos tercios o menos del que tuviera en su vida activa, calculado a lo bruto y sin dar por cierta al cien por cien la cifra apuntada. ¿Qué camino se adopta? Alargar las jubilaciones hasta los 70 años, voluntariamente. Nada, nada, los empleados públicos se encuentran hechos unos chavales, aparentan a sus 65, tener 60 años o menos. Son deportistas, comen tasadamente, no hacen excesos y además es mucho más distraído estar en la oficina que tan aburrido y desplazado en el hogar.

 

Sinceramente, algo no está funcionando en nuestra organización de la Seguridad Social, ni en la gestión de pensiones, ni en el sistema de Muface, Mutua de Funcionarios Civiles del Estado. Entre los 48 años que hoy se apuntan para Prejúbilo  y los 70 años de Júbilo, ¿quienes son los beneficiados? Me temo que, en muchos casos, las arcas de las empresas privadas, a costa de caer en picado los maltrechos fondos públicos. ¿Tendremos que felicitar a los agraciados? Me los imagino realizando las mil y una tareas de entretenimiento, junto a otras para incremento de su base económica de sustento. Si como colofón, recordamos la propuesta de las 65 horas semanales de trabajo propuesta, puede concluirse que se está perdiendo el norte. Lean la sabrosa y detallada noticia sobre el prejúbilo de los maduros que no cumplen sus 50.

 

Telefónica ofrece la prejubilación a los 48 años para reducir plantilla en España

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El comienzo del último trimestre, supuso este año para el consabido funcionario medio, un sobresalto mayor que el acostumbrado. Las vacaciones y bajas laborales del mes anterior de tres compañeros, además de ser sus subordinados, habían significado un estrés poco habitual en un mes como septiembre. Todavía la actividad pública estaba despertándose del letargo veraniego y el horario era especial, es un decir.

De los tres compañeros que faltaban, ayer se anticipó uno. Llegó más guerrero que nunca, dispuesto a conseguir todas las pequeñas metas que dejó pendientes antes de salir rumbo a las playas. Si el vecino de despacho y mesa no reaccionaba, su convivencia era sencillamente insostenible, había decidido ponerlo en conocimiento, del máximo jefe de personal de todo el edificio, saltándose cuatro jerárquicos escalones. La moral del inmediato superior funcionario medio, cayó por los suelos: quince años juntos y esta falta de reconocimiento, falta de sintonía, falta de compañerismo. En suma, los sinsabores del mes de junio, habían rebrotado, alimentados por el descanso de este digno compañero.

La tarde fue depresiva, triste: necesitaría de modo urgente un cambio de ambiente, aunque en los tiempos que corrían podría morir en el intento de la búsqueda de un nuevo y atractivo destino.

Hoy ha llegado el segundo compañero, que no dirige la palabra a casi nadie. El funcionario medio sabe muy bien ponerse en lugar del otro: este compañero tiene unos problemas personales casi sobrehumanos: su salud es un poco precaria y su padre, muy mayor y enfermo, depende de él en convivencia y afecto.

Torres Kio y Sierra de Madrid

El funcionario medio, responsable de aquella unidad, quedó en silencio en su pequeño despacho al adivinar los días venideros. Tuvo un momento de excelente lucidez. No era común convocar reuniones, ni encuentros de compañeros, pero la tensa situación lo requería. La chispa le saltó por la dura definición de la situación del jefe de planta: “ese servicio está muy desgastado”. ¿Era él, el responsable de aquello?. Sin más. Reunión inmediata. Sacó la lista de 20 labores que había escrito hacía poco para razonar ante cualquiera el cúmulo de invisibles tareas que allí se realizaban y convocó personalmente a los interesados. No existe tónico mejor para un trabajo que comentar cómo están las cosas, las pequeñas responsabilidades de unos y de otros. Los trabajos que habría que realizar en tanto al quinto compañero no le dieran el alta médica. Fue una reunión casi larga, pero tan fructífera e inesperada que cuando aquella mañana terminó, aquel funcionario medio, bendijo esas sesiones donde le enseñaron pequeñas técnicas comunicacionales de grupo, modernistas, y como pensaba él, tipo empresa privada.

El  horario laboral a cumplir era de invierno. Había logrado como por ensalmo con la pequeña reunión, sacar a flote las pequeñas bondades de aquel viejo grupo de fatigas públicas, de requetevistos compañeros y archisabidas obligaciones. Lo tenía decidido. Al día siguiente iniciaría un comentario sobre el crack de 1929, para sobrellevar entre todos el cansino escaneo, la lentitud de la viejecilla bases de datos y las repetitivas llamadas de teléfono (qué fácil de usar este práctico aparato) de los interesados en nuestras materias, no interesados todavía en incorporarse como telemáticos usuarios. Siempre quedaba el recurso de contemplar ensoñadores las torres Kio y Picasso, o las cuatro mastodónticas agujas al cielo, de la antigua ciudad del Real Madrid. El trabajo en una planta quince permitía también, adivinar la sierra y olvidar el hastío. Recordando “La Tregua” de Mario Benedetti.

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