Emulando la Postal de La Revista de Verano de “El País”, escribo cuatro impresiones del mes de Julio negro 2008 que va pasando. Saben mis amigos como disfruté en años anteriores por esos mundos: New York 2004, Londres 2005, meses de 2007 en Bruselas (por fin he buscado la excusa para presumir y nombrar alguna andanza, siguiendo el guión del blog).
Esta primavera decidí con una hermana que era suficiente el larguísimo periodo de duelo por el fallecimiento de nuestro padre: ¡cuatro años y medio sin pisar el hogar familiar en el estío! Veranearíamos en Jaca como antaño. Llegué yo de adelantada y en mala hora: continuaba un íntimo familiar en la vivienda, con sus pensamientos en principios de la pasada centuria: ¡aquellas sí eran familias y no las de ahora!. El familiar nos debe considerar bichos raros del XXII. Siempre es un consuelo creerse variopinto.
Para colmo mi marido arranca la temporada con cólico catastrófico y van a parar sus riñones al “Hospital de salud de alta resolución del Pirineo”, según reza el cartel al llegar. Para reírnos de los espantosos dolores, alabamos todo el tiempo el fantástico hotelito en el que hemos caído. Menús supermodernos con posibilidad de doble elección en los tres platos de las dos principales comidas del día españolas. No detallaré las numerosísimas entradas de personal en la habitación para limpiezas tempraneras, control de fiebre, tensión, líquidos varios en vena, dolor y otros temas innombrables, dada la especificidad del cólico.
Pasan los días y comienza el pánico: ¿no sería mejor la atención en los superhospitales de la hipercapital? Les diré que no. No deseo a nadie enfermo en su veraneo, pero si ha de sufrir, les aconsejo pasar el pequeño calvario que les toque en hospital tamaño comarcal, aragonés, con trabajadores excelentes, abiertos, atentos, eficaces y de magnífico humor. Hospital éste, en plena fase de mejoras, donde recalan los jaqueses y los paisanos de la gran comarca de la Jacetania. Amén, de turistas entusiasmados del enclave pirenaico con estúpidas caídas inesperadas o dolencias inoportunas varias.
Querida hermana, el disfrute de la casa familiar quedará para el próximo veraneo. Mis ratos de soledad los pasé a mis anchas comiendo pinchos por los bares de la preciosa Calle Mayor de Jaca y las aledañas, leyendo El País-El Mundo, El Mundo-El País. Ni se me ocurre comprar La Razón porque un amigo rojo casi me mata un día que me vio caer en la tentación. La Vanguardia ha sido un estupendo regalo hospitalario allá a las 7.30 horas todas las mañanas de toda la semana: ¡qué baratos van ciertos papeles! Ó se tratará de solidaridad con los sufridores.
P.d: envío la entrada al periódico, pero no la consideran publicable en papel. Quedó tamaño cuartilla en lugar de postal. Siempre me sucede lo mismo: mis escritillos pecan de largos.
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