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75.000 necrológicas

Haití me conmueve cada día. En otra entrada confesé mi gusto por la lectura de buenos obituarios. ¿Cómo escribir unas palabras, 75.000 recuerdos de personas que no conocí? Apabulla, desconcierta, el gran drama de no saber el número de muertos todavía y en bastante tiempo. ¿Quizás sean 50.000?

Fueron padres, hermanos, hijos, nietos, amigos. Cada uno de ellos vivía su micromundo. Un especialista forense ha declarado estos días que es de  vital importancia poder enterrar a cada uno de los fallecidos en bolsas individuales, específicas para esta función, evitando a toda costa, las fosas comunes: cada persona es única y merece la máxima consideración en su final, en este momento en Haití, tan trágico.

Eso pretendo con estas líneas: particularizar mi sentimiento dedicado a niños, bebes, mujeres embarazadas, enfermos, ancianos, amantes, pobres y ricos, obreros, empresarios, empleados públicos, políticos, escritores, cantantes, deportistas, profesores, estudiantes. Tener presente por un momento a todos: los que permanecen todavía tirados en cunetas y ocultos entre escombros, los desaparecidos, los enterrados por sus conciudadanos. Sin posibilidad siquiera en tantos casos, de escribir en una cuartilla, en un papel o en una sencilla piedra, “aquí yace…” , para colocarlo con gran respeto encima de sus restos.

Descansen en paz. Oraré por ellos.

Llega este verano el nieto irlandés de mi hermana a pasar unos días a Barcelona. Habla como puede con cinco años español e inglés.

Para que el crío se lo pase bien y se haga amigos, lo apuntan a un splai (centro de ocio). Una de las características del centro era su bilingüismo. Termina la mañana, lo van a buscar y la abuela pregunta al niño:

-¿te lo has pasado bien, cariño? -Si abuela, pero ha sucedido una cosa: ¡se han pasado toda la mañana hablando en francés!

Nueva York. 11 S

Es hora de reaccionar, racionalmente pero de modo firme. ¿No nos ha bastado con las hecatombes, de las que, qué mejor, que las instántaneas gráficas?: 11S 2001, torres gemelas de Nueva York, ; 11M 2004, trenes de Madrid; verano 2005, metro de Londres. Cito los atentados de imborrable recuerdo para el mundo occidental. No han sido los únicos.

11M-Madrid 2004

No han sido suficientes. Esta Navidad 2009, en el avión Delta Air Lines que aterrizaba en Detroit, han estado a punto de morir casi 300 personas. Y según manifiesta el individuo protagonista de tamaña hazaña, no será la útlima acción. Hay otros individuos ya preparados. ¿Nos lo vamos a creer? ¿O haremos la vista gorda y tendremos los oidos sordos a honestos avisos como el del padre del incendiario personaje del avión de Detroit? Debe de responder la sociedad entera de Oriente y Occidente: gobernantes, grupos civiles, ciudadanos. El mundo islámico tolerante, demócrata y civilizado, tiene mucho que decir, que hacer. Debe de frenar a sus irracionales mártires potenciales sin sentido.

Londres, verano 2005

Fallido atentado avión Delta en Detroit. Navidad 2009

Además de los ataques mortíferos y sin control en medios de locomoción mundiales o centros públicos imprevisibles, existe la filosofía de intolerancia soterrada que impregna despacio, pero de modo implacable, las costumbres y vida diaria de miles ciudadanos islamistas, cultos e incultos, religiosos y laicos. Ante hechos así, me ciño a la última reacción francesa de la utilización del burka en suelo francés: prohibido el uso de la vestimenta, sin más. Solo se permitirá en carnaval. ¿Qué  hacen las mujeres perdidas dentro de sus burkas? Yo pensaba que se encontraban muy lejos, en Kabul. Pues no, señores. A 40 kilómetros de España, en Marruecos (por cuestiones laborales estoy viviendo ese ambiente) he tenido ocasión de cruzarme espeluznada con mujeres absolutamente cubiertas de velos de color negro o marrón, que llegan incluso a taparse los mismos ojos.

Se precisan actuaciones claras, decididas, meridianamente definidas en las que  los terrenos de uno y otro lado de lo que puede permitirse y no puede permitirse se distinga con la máxima transparencia. Por ejemplo: no debería repetirse, que en un foro de debate sobre “la alianza de civilizaciones”, convocado en  Marruecos, donde se invita democráticamente a todo el arco político y cultural islámico, tome la última palabra el personaje invitado más ultraconservador y cierre el acto incitando a la guerra santa, para pasmo de una inmensa mayoría del auditorio.

Repito con profunda preocupación mi título de la entrada: tolerancia cero, ante tamañas manifestaciones de irracionalidad del fundamentalismo islámico.

Posibles controles en aeropuertos mediante escáneres corporales. Aspectos positivos y negativos de la técnica.

Necrológicas

Me da apuro reconocerlo pero me agrada el género periodístico de la necrología. Hace un tiempo que en la prensa española cambiaron el nombre de la sección dedicada a éllas, para llamarla obituario. No sé si a nivel periodístico es una especialidad de segunda fila. El género está ligado a la emoción que conlleva la falta esperada o repentina, pero no por ello rodeada de drama,  de las personas.  Puede recordarse a un fallecido con una simple anotación biográfica, plana. Pero elevar a la categoría de necrológica la columna periodística implica, cargarla de sentido y por qué no de sensibilidad, en el tono adecuado y justo.

Leí una nota breve hace tiempo, precisamente sobre el fallecimiento de un escritor de prensa especializado en necrologías. No sé si americano o inglés, no me quedó en la memoria su nombre; solo conservo el comentario de su gran sabiduría y de  su buen hacer lo suyo: escribir sobre los muertos. Sus columnas habían quedado para la gran historia del periodismo. ¿Son personajes raros los dedicados a esto? La materia es la misma que la de médicos forenses, policías y detectives encargados de investigar crímenes, abogados criminalistas: todos trabajando en el entorno de la muerte.

Escribo esta entrada porque recogiendo periódicos viejos de este verano,  sin querer he ojeado dos líneas de un obituario de un personaje deportivo. Me ha parecido muy bueno. El periodista se llama Juan Bautista Martínez y el fallecido, ex técnico del Barça, Bobby Robson. Periódico, La Vanguardia del 1 de agosto de 2009. Aquí va el  párrafo necrológico perfecto y la página del periódico, para los más interesados.

Adios señor Robson

Anteayer por la tarde estuve en Hipercor – Corte Inglés, comprando los últimos elementos, regalos y manjares, de Nochebuena. El asombro fue grande cuando la plaza de aparcamiento que tuve que ocupar fue en la planta sótano menos cuatro y tardando unos minutos en encontrarla.  Eso significaba que el gran almacén se encontraba lleno a rebosar, como en las mejores fechas del centro comercial.

La crisis les ha acabado golpeando como a todos. Para que voy a mentir: sentí una grata satisfacción de que al comercio le fuese bien. Era señal de que la gente no se resistía a estirarse los bolsillos en nuestra adorable fiesta. Fue curioso cuando encuentro a una pareja de vecinos, en pleno fragor de carros chocándose por los pasillos del súper y comentamos lo mismo: ambos coincidíamos con agrado en el espectáculo consumista, no visto hacía ya muchos meses.

En España comprar en el Corte Inglés, denota un toque mínimo de distinción.  Creo por ejemplo que en Inglaterra sería Harrods entre otros y Mark Spencer, según bolsillos o intenciones. O en Francia las Galerías Lafayette, o más especializado la Fnac. El Corte Inglés es el centro comercial por excelencia de marca española. El público sabe que decir “lo compré en el Corte Ingles” (es indiferente el objeto adquirido), da una sensación de seguridad, de bien comprar, de bien hacer. Pagas más pero aciertas, piensa el sesudo consumidor. Y es que resulta verídico  en la mayoría de las ocasiones. Su acertadísimo eslogan “pague y si no está satisfecho le devolvemos su dinero”, da gran tranquilidad al comprador. El consumidor indeciso compra sin miedo, porque siempre piensa “podré devolverlo” y el consumidor lanzado con mucha mayor razón, no se lo piensa dos veces.

Siempre es para mi un misterio cómo prepara el Corte Inglés a sus empleados, en el perfecto  trato hacia el comprador. El vendedor es amable siempre sin excepción. No se excede de cortés, pero agrada al comprador con correctísimos buenos modales. No se inmuta ni ante el más impertinente de los clientes. ¿Cómo consiguen los directivos del marketing la creación de un estilo propio de vendedor? Da igual entrar en el Corte Inglés de Zaragoza, en el de Bilbao o en el de Santiago de Compostela. En todos los centros comerciales le atienden tan igual de bien, que prácticamente siempre  cuando se sale con una compra realizada,  se piensa en volver. Uno define este gran comercio, no por el número de artículos que vende o los servicios que ofrece, sino por los que todavía no se ha lanzado a vender. Nunca pensé que me proporcionaría el alquiler de un coche, por ejemplo. Pues sí, boba de mi, con una simple llamada a su sección de Agencia de Viajes tuve en cinco minutos, el coche de mejor relación precio/calidad para mi recorrido planeado. En esto me funcionó mucho mejor que Google, que ya es concederle tantos, en la carrera de “a ver quién busca mejor y más rápido”.

Un defecto en mi opinión lastra el gran estilo “Corte Inglés”:  son poco feministas o nada, en el mejor sentido del término: años pagando la factura en la cuenta de una esposa, pero al buzón la envían a nombre de su respectivo esposo. Y un segundo reparo debiera corregirse: las empleadas trabajan, según mi humilde observación, mucho más que los empleados. Encuentro en ocasiones, a señores empleados de brazos quietos, como de vigilancia, y prácticamente nunca a las señoras empleadas. Ellas siempre activas y disponibles, trajinando, reponiendo, arreglando una maniquí, o cobrando a ese cliente fiel y satisfecho. Un decidido bravo a las mujeres trabajadoras de este súper híper mega centro comercial.

Les dejo. Otro día abordo las compras por Internet en las que, por cierto, El Corte Inglés, también funciona a la perfección.

El sonriente triste

Ríe para no matarse, para no morir, para disimular.  Sufre de urgencia interior, de impaciencia incurable. Escucha a menudo:  “la prisa mata”. Sabia recomendación que persigue exhausto. Desea vivir más de lo que en el tiempo cabe. Ansía desatarse de trillados caminos ya andados. Se complace marchando libre, cual pájaro en un desviado viaje. Ríe llorando para complacer, ríe para no estar solo. Ríe, quereres buscando.  Ama profundamente a nadie. Sobrevive. Se oculta entre las muchedumbres, divertido y amable.

Comentario de “la sonrisa de una lágrima” de Joan Miró

Muchos usuarios conocen Skype en la red. Millones de personas se encuentran dados de alta, para hablar gratis de ordenador a ordenador. Pero otras muchas, muchísimas, todavía no lo usan, a pesar de tener ordenador en el trabajo y ordenador en el hogar. En mi círculo de amigos y familiares lo usan solo unos pocos. El único inconveniente es que las personas deben estar conectadas al ordenador a la vez. SkypePara hablar, la voz es casi un abrazo, cuando los interesados están separados por miles y miles de kilómetros, es para mí milagrosa la gratuidad del sistema. Me gusta dedicar una entrada de cinco líneas a Skype por si a algún lector puedo dárselo a conocer y animar a utilizarlo. Ojo, no pertenezco a esta marca comercial. Sencillamente, una vez más, el sistema me parece de una eficacia y sencillez inigualables. Si a las llamadas de usuario a usuario gratis, se une el bajo coste de llamadas a teléfonos fijos y a  móviles, a Skype yo lo llamaría el invento futurista del presente.

Skype plantea alta definición en la videoconferencia

Odisea en el espacio

¿Cómo definir la compra de billetes de avión por Internet en la actualidad? Un auténtico engaño. ¡Compre por casualidad! ¡Hable usted con la pared! Cualquier calificativo que puedan imaginar, excepto el de la seriedad que se requiere a cualquier empresa comercial. Prometen billetes superbaratos, cuyo precio final es un 40% más caro. Pacientemente introduces todos tus datos personales. Te ofrecen pre-reserva sin pago: pura fantasía. Te registras como cliente especial, por aquello de sentirte “un elegido”, de ofrecerte como “especial amigo” de la compañía. No dejas ni un solo campo del farragoso formulario sin rellenar. Pero ¡cáspita!. Llegando por fin al campo de: “Pago con Tarjeta (realice el pago de su reserva con su tarjeta de crédito o débito)” aparece desde hace unos meses el sencillito desplegable del tipo  de tarjeta de crédito con la que vas a atreverte a pagar:

pago con tarjeta

Adivinando la alegría de un final acertado, la cruda realidad es que, tras grabar 3 y 4 veces los datos de tus 2 o 3 tarjetas, escogiendo en el desplegable todos los tipos de tarjeta posibles, aceptando resignado los diversos mensajes que te recuerdan que tu tarjeta no es correcta en color verde primero, en color rojo después, al final directamente en negro, la pantalla te escupe este reconfortante mensaje:

“Ha ocurrido un error

Lo sentimos, ha sido imposible realizar la reserva al precio seleccionado, por motivos de disponibilidad. Todos sus datos postales, de facturación y pago serán ignorados. Le recomendamos realizar una nueva búsqueda”.

No sé si se trata de fomentar de nuevo el uso de las agencias de viaje. Amablemente los teleoperadores a los que logras encontrar tras media hora de músicas de espera, te indican que, o bien te van a sablear 34 euros por realizar ellos la gestión de compra vía telefónica, o bien que vayas a su agencia donde gente encantadora te atenderá con sumo gusto. Creo que aquí hay gato encerrado: empresas aéreas en crisis y entidades financieras ¡en crisis!

Estrené el carril bici el sábado pasado por la tarde. Por aquello de los posibles Olímpicos en Madrid, y por aquello de la crisis, comenzaron en el barrio hace unos meses, (y en toda España, pero de esto hablo otro día),  trabajos urbanos de albañilería desenfrenados para no se sabía qué. Fue para, por fin, tenernos en cuenta a la pandilla ciclista madrileña (o mundial, llegado el caso).

En la calle más cercana a la mía, han extendido un maravilloso carril bici que ningunea a la especie de los conductores de tal manera, que ahora no caben los coches. Los ciclistas, uno de cada 1.000 ó 2.000 coches calculo yo, nos lucimos por la alfombra roja casi solo los fines de semana. Pero los miles de coches que pasan a diario, se desesperan ratos  y ratos, dado que, donde había dos carriles para coches en la calle ahora solo hay uno. Las aceras eran ya anchísimas y la alfombra roja es auténticamente señorial, con lo que el diseño urbanístico es verdaderamente utópico.  Esta muy bien soñar con un Madrid lleno de miles de ciclistas por las calles a diario, como en algún país del Norte de Europa, pero la realidad es bien distinta.

No se ha tenido en cuenta, creo yo, que si se priva a la calle de un carril para coches, calle ya muy atascada con anterioridad a la puesta en marcha de la alfombra roja, sería esencial pensar en el más sensato medio de transporte público donde no tenemos metro, que es el autobús. Pues bien, los dos autobuses mañaneros pasan cada cinco y diez minutos máximo hacia el centro. Pero llega la tarde y agota la paciencia del más cuerdo, la tediosa espera de veinte minutos o más para tomar el bus de vuelta a casa.

Resumiendo, mientras el transporte de autobús público en mi barrio no mejore, el personal continua sacando sus flamantes coches para ir a los trabajos. Y la bici para acercarnos al centro continua siendo francamente dura, además de no existir unas sencillas duchas en las oficinas, para aliviarse de los sudores de la pedalada al llegar y empezar el trabajo con cierta higiénica dignidad. Mil aplausos a la alfombra roja y petición de frecuencia autobusera cada cinco minutos durante toda la jornada. Solo así, el coche dejaría de ser el rey en las calles de mi barrio. Les hablo de la calle Juan Ignacio Luca de Tena, por el Norte de Madrid, zona Suanzes y las instantáneas las tomé  en horas muy bajas de tráfico.

Nuevo carril bici en Madrid

Afombra roja para bicis

Solitario carril bici con un viandante

Me entusiasma utilizar el metro, el de Madrid, y el de cualquier gran ciudad de España y del mundo. Podríamos hablar mil horas de los metros, pero hoy solo deseo referirme al plano de mano del metro, de uso imprescindible para no perderse bajo tierra.

El plano de Madrid siempre se ofrece gratuitamente en todas las estaciones del metro. Removiendo libros por mis estanterías he encontrado dos planitos  más antiguos que el actual, impresos en 2004 y  2007. La  característica que los une es su impresión en sentido horizontal. Pero ya entre el segundo y el primer plano, supongo que debido al número de estaciones que iba in crescendo de modo espectacular, los diseñadores del plano debieron verse obligados a eliminar las lindas curvas que pintaban en el primero de 2004. Ya se empezaban a escuchar pequeñas quejas entre los ciudadanos madrileños sobre el raro diseño rectilíneo de las líneas del metro. Pero lo más grave llegó cuando se decidió que la impresión sería vertical. El plano recobró el estilillo semicurvo de los recorridos de cada línea, pero no nos parecía ni parece a casi nadie la misma ciudad, nuestra ciudad. Se escucha a menudo: “¿puede decirme donde está  la estación de Retiro?” “vaya tabarra buscar una estación”. Tuvo cierta importancia política, incluidas mala uva popular y risotadas la edición de hace algunos años en las que dejó de figurar una estación, “por olvido”. Concedámosle el derecho a la errata al dibujante de entonces.

En resumen, resulta el plano de mano del metro vertical un tanto estrafalario de presentación. Creo también que va en contra de la memoria visual que  la mayoría de usuarios de tan fantástico medio de locomoción, tenemos de nuestro subsuelo madrileño. La ciudad  y el metro de Madrid estan construidos, bajo mi punto de vista, de modo circular con un marcado aplastamiento horizontal.

metro-madrid-2004

Metro Madrid. Edición 2004.

Rememoro mis entradas nocturnas a Madrid en coche, para intentar adivinar si Madrid vista de noche y a lo lejos, como trillón de luces, es pararela al mar Cantábrico o al Océano Atlántico. Tanto si entramos por ejemplo por la Nacional I o por la R 2,  Madrid se alarga mansamente paralela al Estrecho de Gibraltar. Y es que Madrid, cartográficamente hablando, es bellamente horizontal.

metro-madrid-2007

Metro Madrid. Edición 2007

Metro-Madrid-vertical-2009

Metro Madrid. Edición 2009

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